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OSA JOHNSON

La cuarentena que tiene básicamente la función de cuidarnos la salud (la vida), ha servido y sirve también para realizar revisiones sobre nuestras conductas como individuos y como sociedad. En lo que hace a las reflexiones personales debo decir que en las notas de cacerías que edité a lo largo de estos más de 30 años de MAGNUM, fueron muy pocas la veces en que las mujeres fueron protagonistas y esto lo llevo como una deuda para con nuestras lectoras a las que les solicito su perdón. Para tratar de enmendar en parte esta lamentable y criticable omisión es que la siguiente nota es sobre la historia de una mujer, muy poco conocida, que fue realmente una pionera en un mundo que solo estaba reservado para los hombres. LAS MUJERES TIRADORAS Y CAZADORAS La mayoría de nosotros conocemos la historia de la gran Annie Oakley. Nacida en la pobreza en 1860 en el oeste de Ohio, Annie comenzó a disparar antes de los siete años, y a los ocho años estaba cazando para mantener a sus hermanos y a su madre viuda. Vendia los animales que obtenía a los comerciantes locales y a restaurantes y hoteles en Cincinnati y el norte de Ohio. A los quince años, los ingresos de sus habilidades de tiro pagaron la hipoteca de la granja de su madre. Su destreza era bien conocida en la región, y en 1875 un hotelero local organizó un concurso de disparos entre Annie y el francotirador viajero Frank Butler. Cuando Butler le apostó u$s 100 (unos 2.155 dólares de hoy) a que podría vencer a cualquier tirador local.

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