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EL CUCHILLO DEL CAZADOR

El cazador que no porta un cuchillo, de cualquier tipo que sea éste es, en el mejor de los casos, solamente medio cazador. El cuchillo es la herramienta que dignifica la tarea de cazar. En las amables y agradables tertulias vespertinas de las armerías porteñas, las que tienen como protagonistas, además de los dueños y vendedores, a cazadores y afines generalmente realizadas en forma espontánea, sobre todo en vísperas de feriados largos o en plena época de la brama, se intercambian (ban) antes de la cuarentena, generosamente experiencias y conocimientos de, entre otros muchos tópicos, las armas blancas preferidas por ca-a uno, con sus correspondientes explicaciones, las que van inevitablemente acompañadas por largas y extasiadas contemplaciones a las vitrinas repletas de esos hermosos colmillos humanos artificiales. Por otra parte, recorriendo campos, recibiendo amigos cazadores en nuestros asentamientos o visitando campamentos ajenos, viendo equipamientos, escuchando anécdotas y analizando las preferencias de cazadores amigos y compañeros de aventuras, hemos tenido la oportunidad de comprobar dos premisas indiscutibles: “hay un cuchillo para cada cazador” y “no hay cazador sin cuchillo”. En mi caso es casi inevitable el preguntar qué herramienta se utiliza así como el solicitar verla, lo que viene inevitablemente acompañado de las explicaciones del porqué, cómo, cuándo, dónde, etc., lo que escucho, por lo general, con paciencia y, porqué no, con agrado, pues siempre existe la posibilidad de aprender algo nuevo. Varían las formas, los tamaños, la manera de portarlos, las vainas, los accesorios, el modo de utilizarlos y hasta la cantidad, pues no falta quien sea capaz de llevar varios debido al uso específico que le dan a cada uno, allá ellos con el peso que deben soportar. Tampoco falta la gran dosis de paciencia que debo tener escuchando sin hacer comentarios, las largas diatribas sobre las bondades de su herramienta, que ellos con ese cuchillito de morondanga remataron, cuerearon y hasta, si se los dejan hablar, hasta cazaron, mientras que su compañero, con ese cuchillo de marca o artesanal y mucho más caro, “se quedó de a pie enseguida”. Hay veces en que me siento tentado en retrucar por eso que se dice que “el que calla otorga”, pero razonemos, estamos en el medio del campo, al interlocutor en una de esas no lo conocemos muy bien y ¿nos vamos a arriesgar a pasar un mal momento por tratar de sacarlo de su ignorancia?, definitivamente no.

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