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LOS SEGUROS DE LAS ARMAS Y LOS DISPAROS ACCIDENTALES

Seguramente una de las inquietudes de los usuarios de armas de fuego port√°tiles (individuales o colectivos) fue desde que se conocieron y contin√ļa siendo, el riesgo de los disparos no deseados (accidentales). Como normalmente sucede con casi todos los elementos mec√°nicos potencialmente peligrosos creados por el hombre, se les dota de sistemas de seguridad que con el correr del tiempo van evolucionando aunque lamentablemente, y solo por razones de costo (peque√Ī√≠simo encarecimiento) en el correcto caso que nos ocupa, excepcionalmente se los perfecciona de manera inmediata, cuando la tecnolog√≠a lo hace posible. M√°s bien pareciera que los fabricantes en su mayor√≠a, poseen una curiosa cualidad de hacerse los distraidos mirando para otro lado, mientras los productos de su manufactura causan accidentes, actitud que son capaces de mantener durante largos a√Īos. Aparentemente, reci√©n se incluir√≠a un seguro m√°s efectivo cuando el usuario lo exige por el √ļnico medio que dispone, cual es comprar un arma de otra marca (o dotar con ella a una fuerza) cuando se percata que sin desmedro de sus prestaciones, posee mejores condiciones para evitar fuego involuntario. Hace unos a√Īos le√≠ una nota en que un usuario se mostr√≥ confundido por un tiro partido de su pistola Browning Hi Power belga, en el momento de caer √©sta al piso. Manifest√≥ haber consultado a varias personas sin hallar explicaci√≥n y la intenci√≥n de convertirse en ‚Äúrevolvero‚ÄĚ. Su problema me trae a la memoria un episodio de hace unos a√Īos atr√°s cuando fui llamado por un juez interesado en que haga un informe pericial acerca de la probabilidad de que un arma id√©ntica a la del se√Īor de la nota, empu√Īada por un hombre, se haya disparado accidentalmente, dando muerte a la cony√ļgue de √©ste, mostr√°ndome como √ļnico elemento de juicio, una excelente fotograf√≠a de la pistola que, seg√ļn √©l, se hallaba sabe Dios en qu√© rec√≥ndito dep√≥sito. Por razones de urbanidad me abstuve de recomendarle recurrir a una buena pitonisa, que tal vez pudiera sacar concluisones con solo ver la foto, neg√°ndome a su requerimiento. No obstante para sorpresa de √©l, y la que ahora experimentar√°n algunos lectores, coloquialmente le dije que esa arma, y otras de igual sistema (martillo exterior) son capaces de percutir cartuchos por s√≠ mismas, sin hallarse el martillo montado, solo por efecto de un ligero golpe o vibraci√≥n, e incluso permaneciendo en total reposo por causa de la variaci√≥n de la temperatura ambiente, sin que obre otro factor. Los disparos involuntarios, especialmente en rev√≥lveres y pistolas son m√°s frecuentes de lo que se supone. Generalmente quienes sufren estos percances guardan reserva, rara vez trascienden cuando no se producen lesiones graves o muertes. Seguramente tanto en nuestro pa√≠s como en cualquier otro lugar del mundo, haya en este momento personas encarceladas por atribu√≠rseles homicidios intencionales cuando solo fueron culposos, que debieron castigarse con penas menores que hacen procedentes las excarcelaciones, por ser confusas las circunstancias y no creer que las armas se hayan disparado de manera casual, cuando a la inversa, en libertad luego de cr√≠menes deliberados, porque se les creyeron falacias. Aunque no es √©ste el motivo de la nota, que comenc√© con intenci√≥n de limitarme a la mec√°ncia de los implementos de seguridad, creo conveniente alejarme del objetivo porque ello quiz√° sirva para salvar alguna vida. A veces tambi√©n los disparos fortuitos son causados por la acci√≥n no deseada del dedo sobre el disparador y supongo que ello sucede m√°s quienes estamos muy familiarizados con el uso de las armas -lo que da excesiva confianza-, que a los menos experimentados. A pesar de costarme, confieso que siendo ya muy avezado, me pas√≥ dos veces. En la primera quise abrir la corredera de una escopeta a repetici√≥n, cuando al apretar con el √≠ndice el pestillo que la destraba, situado en la parte frontal del arco guardamontes, por hallarse √©ste cubierto de lubricante, resbal√≥ el dedo, yendo a presionar el disparador con el resultado de destruir un par de libros de un amigo y da√Īar su biblioteca donde se hallaban. En la segunda, despu√©s de unos cinco a√Īos todav√≠a no me explico porqu√© apret√© deliberadamente el disparador de una pistola que cambiaba de lugar, teniendo plena conciencia de que hab√≠a un cartucho en la rec√°mara. En esta ocasi√≥n perfor√≥ la puerta de un placard de mi casa y rompi√≥ una fuente de loza que hab√≠a en su interior. Por lo narrado y, desde mucho antes de los sucesos, indefectiblemente cuando de instrucci√≥n -tanto de armas cortas como largas- recomend√© reiteradamente que siempre, aun teniendo la m√°s absoluta certeza de hallarse √©stas descargadas y hasta con el cerrojo, corredera o tambor abiertos, se dirija el ca√Ī√≥n hacia arriba, abajo o donde no haya personas, pero lamentablemente a veces se olvidan las indicaciones. Dije esto √ļltimo porque una persona a quien ense√Ī√©, a tirar, mostr√°ndose -dicho sea de paso- casi desde su primer disparo como excepcional tiradora, cierta noche sali√≥ con amigos de ella en autom√≥vil por calles suburbanas del interior munidos de rifles .22 con intenci√≥n de recrearse cazando algunas liebres, llevando asimismo una pistola de id√©ntico calibre y martillo oculto a la que yo mismo -tiempo atr√°s- hab√≠a alivianado el sistema de disparo. Aparentemente el arma se hallaba sin el seguro de pulgar colocado, sobre el asiento del veh√≠culo y, cuando la tom√≥ presion√≥ sin querer la cola, escapando un proyectil que fue a herir a uno de los acompa√Īantes en una pierna, perforando la arteria femoral, caus√°ndole que se desangre en pocos minutos antes de rebir atenci√≥n m√©dica. BREVE RESE√ĎA Conclu√≠da la disgresi√≥n y retomando el hilo, se har√° una somera historia de la evoluci√≥n de los mecanismos de seguridad en las armas contempor√°neas. En cuanto a las de hombro, el desarrollo evidencia menor inter√©s que en las cortas, seguramente debido a ser m√°s peque√Īa la cantidad de accidentes en raz√≥n de que por su forma y dimensi√≥n se hace m√°s notorio para quien sostiene una de ellas, cuando est√° dirigida hacia s√≠ mismo u otros, al igual que para los √ļltimos, que con mayor frecuencia al verse enca√Īonados o pr√≥ximos a enca√Īonar por distracci√≥n se apresuran a protestar. A su vez, resulta m√°s f√°cil mantenerla sujeta, con las manos alejadas del disparador y es asimismo infinitamente menor el manoseo a que son sometidas, respecto a las otras; adem√°s reciben generalmente la carga en el lugar donde se prev√© su empleo y ante la probabilidad cercana a √©l. Las de mano, en cambio, suelen ser portadas con variable asiduidad por elevado n√ļmero de personas, normalmente cargadas y en todas partes. Las operaciones de carga y descarga, revisi√≥n de √©sta, introducci√≥n y extracci√≥n de cartuchos en la rec√°mara se hacen cotidianos, al igual que ponerlas al cinto y desenfundarlas a cada momento, para dejarlas sobre muebles, guanteras de autom√≥viles, etc. Desde luego los mecanismos de seguridad de las armas de hombro han experimentado mejoras, pero no tengo noticias de que ning√ļn fabricante haya enfatizado en ello como sucedi√≥ repetidamente con las de mano, cuyos modelos en algunos casos recibieron denominaciones alusivas como ‚ÄúSafety Hammerless Model‚ÄĚ hecho por Smith & Wesson a partir de 1887, el ‚ÄúSafety Hammer Model‚ÄĚ de 1892 de Iver Johnson o el ‚ÄúPolice Positive‚ÄĚ (Positive referido a su seguridad) de Colt a partir de 1905, con mecanismo virtualmente id√©ntico al que aun hoy conserva el Python. Descartando la posibilidad de carencia de capacidad t√©cnica de Smith & Wesson para incluir en sus otros modelos corrientes con martillo descubierto, un eficiente sistema que impidiera el avance de la aguja percutora, que reci√©n se practicar√≠a en 1914, no queda alternativa a suponer lo dicho al comienzo ‚Äúsolo por razones de costo demor√≥ en hacerlo‚ÄĚ. Pero si la c√©lebre casa de Springfield estuvo en mora, qu√© queda para sus competidores copistas -en especial espa√Īoles- quienes construyeron durante muchos a√Īos, mecanismos id√©nticos sin el agregado, una b√°scula en la tapa lateral al principio, o ascendente (descendente por una ranura practicada en √©sta, luego -y hasta el d√≠a de hoy- que se interponen entre el martillo y la armadura, cuando se halla oprimida la cola del disparador. Como excepci√≥n -no √ļnica- puede se√Īalarse al excelente rev√≥lver espa√Īol Ruby que nunca incorpor√≥ este tipo de seguro, conservando solo el del S&W anterior a 1914. Supongo -con certeza- que las f√°bricas que imitan mecanismos de S&W lo habr√°n hecho. A menos los poseen algunos como el Astra y Llama y por supuesto, los brasileros Rossi Y Taurus. Los rev√≥lveres Ruger poseen una barra de transferencia que impide cualquier tipo de disparo si no se presiona toatalmente el dispardor.

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