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LA CAZA DE LA LIEBRE

Entre las especies que se cazan en nuestro país, posiblemente la liebre europea sea la que menos atractivos deportivos posee. Pero curiosamente es la más rentable. Veamos. Los primeros ejemplares fueron traídos a nuestro país alrededor de 1888 a la provincia de Santa Fe. En nuestro país existe una variedad de liebre, autóctona, la liebre patagónica o Mara, que su caza está prohíbida. Rápidamente esos primeros animales se reprodujeron y encontraron en Córdoba y la provincia de Buenos Aires un hábitat ideal, ya que se alimentaban de los sembradíos, causando importantes daños en las economías regionales. Por este motivo en 1907 fue declarada plaga. Dando paso a un creciente negocio. Los gauchos no conocían a las liebres, por eso no se las menciona en el Martín Fierro y tampoco fueron parte de la dieta de los indios. Llegaron a extenderse sin control y se convirtieron en un problema. Uno podría creer que estos animales, cuya carne es comestible, sería una importante fuente de proteínas para el hombre, pero, la realidad fue que al no tener controladores naturales se hicieron muy fructíferos y llegaron a trastocar el delicado equilibrio ecológico. La cacería comercial de la liebre en la Argentina empezó en 1930. Los productores empezaron a combatirla como plaga, pero aprovechaban el alto valor de las pieles y se las vendían a las textiles o las fábricas de sombreros, que utilizaban el pelo. En 1950, Europa empezó a demandar esta carne. Las liebres argentinas se exportaban congeladas pero enteras, sin faenar, hasta que en 1973 Alemania -el principal comprador- prohibió el ingreso de animales sin procesar. Al año siguiente, la Argentina exportó 12.000 toneladas de carne de liebre congelada. Así fue como al mismo tiempo que crecía este negocio empezaba a constituirse un nuevo oficio: el de cazador de liebres o “liebreros”. Por las noches, los caminos rurales comenzaron a ser iluminados por centenares de reflectores y por las luces de los vehículos que circulaban en busca de las preciadas piezas. Hoy, se calcula que existen unos 2.000 equipos de cazadores de liebres en todo el país que entregan piezas durante la temporada a las plantas frigoríficas habilitadas por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) para la faena y exportación de carne de estos animales -el resto del año faenan conejos-. El promedio de exportación de carne de liebre durante los últimos treinta años fue de 8.000 toneladas anuales. En la década del 80 la empresa Eubal llegó a exportar anualmente 20.000 liebres vivas a Italia, para cotos de caza. Cada liebre se pagaba 60 dólares al que la capturaba y en Italia se cobraba 120 dólares por cazarlas. De cada cuatro animales vivos que se capturaban en la Argentina, sólo uno llegaba vivo a Italia. Pero ese negocio no prosperó y la modalidad que se impuso fue la de exportación de la carne faenada y procesada en frigoríficos argentinos. La carne de liebre es una especialidad en los supermercados más exclusivos de Europa, que son abastecidos casi exclusivamente por la Argentina, con una participación muy inferior de Uruguay y Chile, que anualmente exportan doscientas y cien toneladas, respectivamente. Los cazadores entregan las piezas enteras a un acopiador que, sin faenarlas, las almacena en cámaras frigoríficas a 4°C durante un día. Luego, las transporta al frigorífico para la faena. Cada acopiador cobra entre 10 y 15% de lo que paga el frigorífico. El peso mínimo de cada liebre debe ser de 1,7 kilo, de lo contrario no será recibida por el acopiador.

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