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LOS CAZADORES DE LOS 1.000 ELEFANTES (IV)

El conocido como White Hunter, John Hunter, está considerado como el mejor cazador blanco de todo el Africa Oriental en la época anterior a la Segunda Guerra Mundial. JOHN HUNTER Mi viejo, querido y admirado cazador John Alexander Hunter, sin duda el más famoso cazador de Africa Oriental, nació en Shearington en 1887, en el sur de Escocia, y falleció en Makindu, Kenya, en 1963 a la edad de 76 años. Escribo estas notas sobre John Hunter, o JH, como le llamaba todo el mundo con gran afecto, pues él, junto con George Rushby, otro de los grandes cazadores de marfil, me honraron con su amistad y me ayudaron mucho con sus consejos al principio de mis andanzas por Africa Oriental y Central. Gracias a ellos pude encaminar correctamente mis entonces jóvenes pasos, evitándome muchos problemas, desengaños y errores, a los cuales están expuestos la mala combinación de entusiasmo excesivo y experiencia limitada… dándome cuenta del gran privilegio que tuve de que John Hunter y George Rushby le tendieran la mano y amistad a un jovencito español, lleno de admiración y timidez, hace más de cincuenta años, lazos que continuaron hasta el mismo día de sus muertes. La familia de Hunter era de granjeros acomodados, propietarios de magníficas tierras, donde el joven John cazaba toda clase de aves con una vieja escopeta Purdey. Los años fueron pasando y cuando John tenía 18 se enamoró de una mujer mucho mayor que él, decidiendo casarse con ella, ante la negativa familiar al ver que aquello sería un disparate. Por fin el padre pudo convencerlo de que se fuera al Africa Oriental Británica a la granja de un lejano pariente, donde podría cazar lo que quisiera, oferta que hizo se enfriara de golpe aquel amor tormentoso y sólo pensara en marchar lo antes posible a Africa, soñando con los elefantes, leones y toda clase de animales cazables. Después de un largo viaje por barco desde Inglaterra llegó a Mombasa, continuando luego por ferrocarril a Nairobi, donde le esperaba el pariente, que resultó un energúmeno, hasta tal punto que John abandonó la granja después de tres meses, regresando a Nairobi, donde tuvo la suerte de encontrar trabajo en el ferrocarril llamado de Uganda, que conectaba este país con Mombasa en la costa del Indico, cruzando toda Africa Oriental de este a oeste. Su labor era la de revisor del tren y esta actividad le dio la ocasión de atravesar territorios poblados por miles y miles de animales salvajes, siendo cosa normal ver leones, incluso leopardos, desde el ferrocarril, a los cuales John les disparaba desde las ventanillas de los vagones con un rifle del calibre .275 (similar al 5x57 Mauser) que su padre le regaló cuando se marchó a Africa. Cuando caía la pieza tiraba de la señal de alarma, según había convenido con el maquinista, para recoger el trofeo, el cual también le avisaba con dos silbidos de la presencia de un león y con tres de la de un leopardo. Un día apareció un rebaño de elefantes muy cerca de cerca de la vía y, sin pensarlo dos veces, con los pasajeros mirando la escena, John, acompañado del maquinista, se acercaron al rebaño sin haber tenido nunca la menor experiencia con estos animales, armado tan sólo con el .275, con el que le hizo un disparo al codillo del mayor elefante, organizándose una desbandada de la que salieron con vida de milagro, regresando al tren como pudieron mientras los elefantes desaparecían junto con el herido. El susto fue de “clase récord”, pero, al día siguiente, de regreso a Nairobi, encontraron al elefante muerto muy cerca de la vía, lo que permitió recuperar los colmillos, que luego vendió a un comerciante hindú de marfil, quien le pagó una cantidad similar a la que él ganaba en dos meses como revisor del tren, lo que le abrió los ojos al ver que uno se podía ganar muy bien la vida como cazador. Sus comienzos como profesional fueron centrarse en la caza de los leones y leopardos, muy abundantes entonces, vendiendo las pieles al equivalente a una libra esterlina cada una, ya que, entonces, la moneda oficial era la rupia, hasta 1920 que se impuso definitivamente la libra esterlina mencionada. Su Mauser del .275 era de un calibre insuficiente como para dejar a un león herido, pero, como era un tirador realmente excepcional, nunca tuvo problemas después de hacer cobrado un número muy elevado de leones y leopardos, mejorando muchísimo su situación económica, cosa que le permitió, un poco tiempo después, casarse en Nairobi con Hilda Banbury. Al ser padre, quiso abandonar la caza, por considerarla una ocupación de gran riesgo, pero metido en diversos negocios las cosas se le dieron mal, llegando casi al borde de la quiebra económica. Entonces, aconsejado por su esposa, volvió a la caza profesional, lo que fue gran acierto de su vida al alcanzar una fama al más alto nivel internacional. Entre 1912 y 1922, antes de que las nuevas reglamentaciones hicieran inviable continuar con la caza comercial de marfil, John se dedicó de lleno a los elefantes. Muchas veces me comentó que aquella había sido la época más feliz de su vida, con grandes rebaños de elefantes al alcance de la mano. No recordaba exactamente cuántos cobró en su vida, pero aproximadamente entre 1.300 y 1.500, muchos superando las cien libras, siendo su mejor trofeo una pareja de colmillos de 160 y 150 libras (72,5 y 68 kilos) conseguida en Kenia. Una vez pasado el “estado primario” de aprendizaje, siempre utilizó grandes calibres para la caza peligrosa, alegando que “no se le puede dar a un niño el trabajo de un hombre”. Aparte de su actividad personal también realizó expediciones de control para el Departamento de Caza de Kenia, como fue, hacia principios de 1920, reducir el número de leones devoradores de ganado en el territorio massai, cobrando algo más de ochenta ejemplares en tres meses, con el récord de 18 en una sola noche. También por cuenta del Departamento de Caza tuvo que eliminar 944 rinocerontes negros en la zona Makueni, de un total de unos 1.500 en su vida, para que la tribu Wakamba tuviera mayores extensiones de tierra para sus cultivos. John Hunter fue utilizando a lo largo de su vida todo tipo de armas y calibres, dándole su preferencia a los rifles de dos cañones o express, siempre con expulsores. Durante muchos años, su calibre favorito fue el express .475 nº 2 Nitro, pero al hacerse más viejo se pasó al .500 Nitro, que era algo más potente. También utilizó por poco tiempo un .577 Nitro, pero lo abandonó pronto al encontrarlo muy pesado y que, según él, no mataba más que otros calibres menores si la bala no iba al sitio justo, cosa en la que, modestamente, estoy al cien por cien con él, pues yo también tuve un .577 Nitro con el que no encontré diferencia de efectividad mortal comparado con el .416 Rigby, .500 /.465 Nitro, .475 nº 2 Nitro y .500 Jeffery, con los que principalmente cacé toda mi vida. Independientemente de su preferencia por los rifles de dos cañones, también usó los de repetición sistema Mauser, como el .416 Rigby, que fue su calibre favorito para cazar leones, y el .505 Gibbs para realizar batidas contra los elefantes. En cierta ocasión se encontró en medio de una desbandada de estos animales pudiendo sobrevivir gracias a la gran potencia del referido .505 Gibbs, derribando doce elefantes que quedaron muertos a su alrededor. Como arma ligera siempre empleó el .30-06 para todo el resto de la caza.

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