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OBSERVACIONES DE UN CONSERVACIONISTA Y CAZADOR

A mediados de la década de los 90, recibí en la redacción de MAGNUM un llamado teléfonico de alquien que se presentó como Juan Moro. Después de los saludos me dijo que tenía un pequeño libro, escrito por él, en el que volcaba sus años como cazador. Me dijo que en breve me lo haría llegar, para que lo lea y que si lo consideraba oportuno, reproduzca alguna de sus partes en la revista. Al poco tiempo, recibí el libro. Lo leí y me pareció atrapante. Lo guardé en la biblioteca para que en algún momento transcribir parte de su contenido. Después de algunas mudanzas, debo confesar, que me olvidé de ese libro y de dónde estaba. Hace unos días, saqué todos los libros para pintar el mueble y ahí apareció el pequeño ”Observaciones de un conservacionista y cazador” escrito por Juan C. Moro. Entonces recordé aquel pedido que me hiciera el autor y hoy muchos años después, lo haré. Decidí transcribir parte del texto dedicado al jabalí. JABALI EUROPEO (SUS SCROFA) Dice Moro: “Si yo usara sombrero, al comenzar a hablar o escribir sobre este animal, lo primero que haría sería quitármelo”. A pesar de su aspecto en contrario, es uno de los animales más inteligentes, que gracias a Don Pedro Luro, que lo introdujo a nuestro país a principios de 1906, lo tenemos en nuestra fauna. Su peso medio aproximado en un macho adulto es de 150 kg. Aunque puede pasar los 200 cuando está en buen estado de gordura. El color predominante es gris (moro), pero también existen ejemplares tirando a negro y otros más claros. En nuestro país comienzan a nacer en primavera y hasta el verano. Nacen en camadas de 4 a 8 jabatos, después de una gestación de cuatro meses y su color en estos momentos es con rayas longitudinales claras y obscuras. Este color lo pierde a los 5 ó 6 meses, momento en que quedan rojizos y luego de otro período igual, van formando su color gris difinitivo. A los 6 ó 7 días de nacer, comienzan a caminar y luego de 2 ó 3 más, ya siguen a sus madres por todas partes. Muchas veces he podido observar que otras madres se hacen cargo de crías que han quedado huérfanas, contrariamente a los cérvidos, que nunca lo hacen...” “...En este primer período de su vida, generalmente mueren el 60 ó el 70% de los nacimientos, por distintos motivos, como ser escasez de alimento, no pudiendo sus madres, sobre todo las más jóvenes, criar las abundantes camadas de hijos que paren. En años de sequía es un sacrificio para los juveniles lechones lograr saciar su sed, siendo muy común encontralos ahogados en tanques australianos o en bebederos altos, no vacilan en tirarse a los mismos, no pudiendo salir. Quizás por ello, la naturaleza dotó a ésta y otras especies de animales parecidos, de abundante parición. Cuando el jabalí macho se va aproximando a los dos años, comienza a separarse de las piaras y aquí un poco en la edad “del pavo”, también es fácil que pierda su vida, joven aun. Luego después del 3º ó 4º año de vida, ya será muy difícil cazarlo con ningún sistema. Por otra parte, en esta edad, su fortaleza está en plenitud y hace que pueda defenderse de cualquier enemigo, incluso de las jaurías de perros, ya que sus colmillos están más fuertes y afilados que nunca...” LA ALIMENTACION No es delicado y lo mismo le viene bien un animal muerto, una oveja viva a la que mata sin ningún problema, cuando se acostumbran a ello y cualquier cereal, se trate de cosecha fina o gruesa le viene al dedillo para engordar. En cuanto a las chauchas, papas y otras raíces de monte, siempre las recibirá o buscará de buen agrado y cuando le toca vivir en ríos y lagunas, la raíz del junco o junquillo, junto con el pescado cuando éste queda sin agua, le servirá para saciar su apetiuto y seguir su vida sin problemas, no desdeñando tampoco hierbas, larvas, insectos, lombrices, huevos, etc. Lo que no le resulta muy satisfactorio es cambiar todos los días de menú y si se está alimentando con trigo, taraará de no usar el sorgo u otro alimento distinto, lo que le llevan días hasta adaptarse al nuevo plato. Al viejo y experto jabalí, que casi siempre estará en buen estado de gordura, pocas veces se le podrá atraer, cebándolo con comida. El sabe que el maíz o cereal que se tiró en el charco, no nació ahí y por algo se lo ofrecen. Por ello quizás llegará cerca, pero difícilmente se digne a tomarlo. Los animales ya viejos, tienen bien en claro que su vida corre peligro cuando en noches claras deben salir a un lugar iluminado por la luna. Muchas veces pude comprobar esto, cuando estaba acostado sobre alguna planta tratando de observarlos y con ello no era detectado con su olfato e imprevistamente siempre por los lugares más sombreados, aparecíua silenciosamente, casi como un fantasma. En esos lugares, antes de salir a la claridad, dará varias vueltas o permanecerá a la expectativa, quieto a veces durante horas, antes de decidirse a darse el baño o saciar su sed. Cosa que seguramente está deseando. Cuando por fin se convence de que puede arriesgarse, comienza a dar sus pasos finales y a veces imprevistamente, por las dudas, sale disparando como una bala, recordando posiblemente cómo se salvó en alguna oportunidad en que intentó hacer lo mismo o porque presintió los latidos acelerados del corazón del cazador. SUS CACERIAS, MIS CACERIAS Como sabrán perfectamente los lectores, dos son las formas deportivas para cazar el jabalí. Una, al acecho donde el cazador debe poner a prueba todo el control de su sistema nervioso, al tener que estar en el más profundo silencio, pues como siempre digo, “un muerto tiene que hacer más ruido que ustedes”, al menos si se desea cazar algo parecido a un trofeo. Puedo afirmar que estar 6, 8 horas o más en estas condiciones, a veces con frío, otras con calor, también con mosquitos, sin cometer errores o sea movimientos o ruidos insignificantes, como lo es un roce de ropa simplemente, y que el animal astuto escuchará aun estando a unos 100 metros de su posible llegada, no es nada fácil. El secreto para ello, será tratar de estar cómodo, sentado si es posible, pues en esta posición es más difícil dormirse y es más más placentera que otras, para pasar muchas horas. La silla deberá ser cómoda y que no haga pequeños ruidos o crujidos, que muchas veces son el motivo de fracaso en cacerías de esta clase...” “... Esta clase de cacería, puede ser el calvario de un cazador, cuando no está preparado física y mentalmente para reistir tantas horas o una noche entera en vigilancia, a veces sin poder ver o detectar nada.

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