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EL TIRO A LA HéLICE

No hace mucho tiempo atrás llegando la temporada de caza menor solíamos ver a nuestros padres, tíos, primos, y vecinos preparar sus petates, desentumecer al Pointer, poner a “secar” los cartuchos en vaina de cartón, (remanente de la temporada anterior) y a limpiar la escopeta que sacaban de sus fundas desde arriba del ropero. Es que es bien sabido que la gran mayoría de los italianos, españoles, polacos y criollos portaron arraigadas esas costumbres que les fueran transmitidas por sus predecesores y que luego ellos nos fueron transmitiendo a nosotros. Quienes lograban tener un nivel socioeconómico más elevado podían concurrir a los no muchos clubes de tiro existentes en nuestro país y “despuntar el vicio” con el famoso “tiro al pichón” y estar todo el año “cazando”. Pero, siempre hubo un pero… (se define esta última palabra como un fragmento funcional de una expresión delimitado por pausas y acentos que nos permite desarrollar frases u oraciones) cambian las cosas, las épocas y con esos cambios, esto último también nos fue vedado. La historia nos cuenta que a raíz de ello prendió en nuestro país lo que por entonces llamaban “Paloma Mecánica”. Esta variante deportiva del tiro con escopeta surge de la invención del hijo del duque Antonio Lante Montefeltro della Rovere, antaño excelente tirador de Pichón o Paloma viva europeo, el señor Ludovico Lante. Actualmente su invención ha sido mejorada por otras personas y empresas sumado al avance de la tecnología, distando un poco de la modalidad original pero conservando aún intacta su esencia. Tal es así que el tiro de hélices fue logrando su propia identidad y hoy cuenta con numerosísimos asiduos practicantes como ocurre en Italia, España, Francia o Inglaterra. Un campo de tiro a la hélice consta de valla delimitadora y cinco máquinas lanza hélices que suplen a las jaulas que antes albergaban a los pichones y la distancia en la que se sitúa el tirador para efectuar sus disparos es de 26 metros, medida que puede aumentarse en los desempates. Cuando el tirador pide la hélice a través de un micrófono situado debajo o al costado de él, un mecanismo sortea cuál de las 5 máquinas lanzará la hélice de una forma aleatoria sin que el tirador sepa por cuál de ellas va a salir. En los torneos de mayor envergadura se programa una serie de 20 hélices y casi siempre un buen número de participantes rompe las 20 sin fallos, y ellos serán los que pasaran a disputar el desempate, quedando eliminado el tirador en cuanto cometa un error, hasta que al final quede un solo tirador, el cuál será el vencedor. Las dificultades de este tipo de tiro no sólo dependen del poco tiempo que tenemos para efectuar nuestros disparos o de la dificultar de calcular dónde juzgar la hélice; también influyen notablemente las condiciones climáticas, ya que un día con fuerte viento, la velocidad de las hélices se ve incrementada, además de que el propio viento puede echar fuera el testigo una vez desprendido de las alas. También puede variar la dificultad por el material con el que estén hechas las hélices. Las aspas son de plástico rígido y el testigo, de un plástico más flexible, aunque para los campeonatos las hélices tienen que estar homologadas, pero a veces es posible que la composición del plástico del cuerpo varíe, incrementándose la dureza de este, lo que hará que para que se rompa haya que impactar con un mayor número de perdigones. El “secreto” del éxito nos dice que para romper una hélice hacen falta más perdigones que para abatir un pichón, ya que a éste, con un solo perdigón en el ala o en la cabeza puede ser suficiente, mientras que hacen falta 6 ó 7 impactos para desprender la parte circular de la hélice del cuerpo. El buen tirador de hélices debe poseer una considerable técnica de concentración para aislarse del público y poder aumentar así su reacción ante la salida de la hélice. Esta velocidad será la que le permitirá apenas en un segundo de tiempo, juzgar la hélice y calcular su adelanto para, mediante una buena técnica, efectuar su disparo en el menor tiempo posible. Cabe destacar que en esta modalidad, los adelantos son relativamente pequeños si los comparamos por ejemplo, con los recorridos de caza, o el skeet; pero encierra una dificultad por encima del adelanto, que es la de dejarse los tiros generalmente bajos. De todas formas, no podemos hablar de un tiro o adelanto concreto, en que las posibilidades de ángulos y trayectorias son infinitas. Un consejo que nos es suficiente pero ayuda a todos aquéllos que quieran iniciarse en esta atrapante y bella disciplina (y que nos dieran esos maestros que siempre encontrarás en las pedanas) es estar muy atentos, y en cuanto logren verla, tirar un cuarto de metro por encima de la hélice; si hacemos esto, conseguiremos un porcentaje de hélices rotas que seguramente no nos desanimará y nos provocará a seguir practicando.

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