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LAS PISTOLAS INGLESAS BSA

Una vez finalizada la Primera Guerra Mundial en noviembre de 1918, se produjo una brusca caída en las industrias de armas en Inglaterra y Alemania motivada por la terminación de los contratos gubernamentales que había creado un crecimiento y prosperidad desde 1914. La Birmingham Small Arms Co. (BSA) había ampliado sus instalaciones entre tres y cuatro veces más antes de la guerra para poder producir, entre otras armas, los Lee Enfield y Lewis en gran escala. Al finalizar la contienda, cientos de miles de repuestos para la citadas armas quedaron en sus depósitos. La postura del público en general y de los políticos en particular, era de rechazo a todo lo referente a las armas, sobre todo después de las evitables masacres que se produjeron durante la guerra en Bélgica y Francia. Para la mayoría de los fabricantes de armas, al no haber en el horizonte nuevos contratos gubernamentales, la quiebra y el cierre de las fábricas era inminente. Después de haber sido los mayores fabricantes del rifles y fusiles militares no gubernamentales en 1914, la BSA había basado su éxito en los contratos del gobierno, especialmente para el ejército inglés y las colonias extra continentales con los Lee Metford y Lee Enfield de distintas marcas. Antes de la guerra ofrecían armas deportivas estilo militares en calibre .22 y algunos de aire comprimido del tipo Jeffries y Lincoln. Ante el oscuro panorama, la división armas de la BSA, se diversificó e inició la fabricación de bicicletas y motos, intentando una diversificación industrial a partir de 1919. También volvió a producir carabinas deportivas y armas de aire con diseños no militares de 1914. También se aventuró con una escopeta y un intento de fabricar una pistola semiautomática, cosa que nunca había logrado. Estos proyectos -escopeta y pistola- se encararon sin ninguna experiencia previa en la materia: un especie de salto al vacío, pero la desesperación por mantener a la fábrica abierta era una imperiosa necesidad. El panorama era similar en el campo de las fábricas de municiones. Después de 1918 las famosas empresas Eley, Kynoch, Nobels y Norton Co. (con el tiempo también fabricó sus famosas motocicletas) se fusionaron para afrontar la crisis y apuntar también a los mercados civiles de posguerra. Después de un reacomodamiento la Witton anteriormente propiedad de Kynoch, quedó como la única fabricante de cartuchería metálica de fuego central. No obstante y a pedido del gobierno británico se formó una Comisión del Rifle (ETL) con el fin de trabajar y estimular la fabricación de nuevos cartuchos (belted) cinturados para las armas deportivas, tanto cortas como largas. Esta nueva concepción de los cartuchos llevaría a que todos los calibres anteriores pararían al rubro de obsoletos. Para este nuevo criterio la ETL propuso en 1920 a los calibres .250, .370 y .380 Cogswell y Harrison y por su lado la BSA propuso a los .26, .33 y .40 como cartuchos para rifles al haber expirado la patente de Holland & Holland de 1904 (nº 27.912). H&H a su vez poseía la tercera patente en el Reino Unido para un cartucho “cinturado” cubierta por Accles (nº 12.704 de 1889) y luego por Roth (nº 5.592 de 1891). LAS PISTOLAS BSA No hay dudas que el proyecto encarado por la BSA para fabricar una pistola semiautomática debe haber sido uno de los menos exitosos de la firma. Estas armas son hoy en día prácticamente desconocidas y lo poco que se sabe está más relacionado con la munición que con las propias pistolas. Esto se debe a que casi no existe documentación interna de la empresa y al parecer tampoco existe ninguna patente del diseño, ni tampoco aparecen en algún catálogo de la BSA ofreciéndolas a la venta.

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