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SOBRE JABALÍES, DOGOS Y LEYES

Este artículo fue publicado en la revista jurídica de la Editorial Zeus, el 4 de febrero de 2005; por su importancia y como homenaje a mi querido amigo y compañero del Liceo Militar General Belgrano, el Dr. Jose Pepo Forlla, he decidido “aggiornarlo”. Pepo fue no sólo un gran criador de Dogos argentinos, regaló muchos de esos perros -tuve el honor que me regalara dos de ellos, uno fue una hembra que salió sub-campeona, sino que además ideó un aparato para medir el estándar de la raza y fue jurado nacional e internacional, en numerosos concursos. Debemos partir de una premisa básica, muchas veces olvidada por nuestros legisladores, el ordenamiento jurídico constituye una unidad de conceptos; cuando se introduce una reforma o se dicta una nueva ley, la misma tiene alcance sobre todo el ordenamiento, con lo cual produce cambios que no siempre son pensados por el legislador pero, que pese a ello, ocurren. De allí que los operadores del sistema y en particular los del Servicio de Justicia, deben interpretar las normas en su conjunto, tarea por cierto ardua, atento a la gran dispersión normativa que se ha producido en los últimos tiempos. En su Tratado de Interpretación de la Ley, nuestro amigo y compañero de la Maestría Internacional de Derecho Procesal, don Mario David García, nos recuerda que Vigo, “cree en que la misión de la moderna ciencia jurídica será partir del Derecho positivo y proporcionarle a través de procedimientos formales la unidad sistemática. “Construir con el Derecho positivo una pirámide de conceptos” diría Puchta; la dogmática prescribirá el derrotero de la ciencia jurídica: análisis, síntesis y sistema... El Derecho positivo está, en consecuencia, dotado por el legislador o el científico de las propiedades formales propias de un verdadero sistema: unidad, completitud y coherencia”. Dentro de esta problemática encontramos a la llamada prueba de campo, la misma forma parte del entrenamiento de la raza canina conocida como “Dogo Argentino”, dicho entrenamiento se efectúa a fin de mantener las características de dicha raza, es decir su especial aptitud para la cacería de jabalíes y también para preparar los perros sin experiencia para poder actuar correctamente en esas lides. Se podría clasificar la llamada prueba de campo, desde dos puntos de vista diferentes: 1. Lugar de realización, que a su vez se subdivide en: a. En el campo propiamente dicho. b. En un corral. 2. Fines de su realización, que se subdivide en: a. de rastreo, para poder ubicar y seguir el rastro del jabalí. b. de contacto, para enseñar al animal a inmovilizar al jabalí -o bien para mantener viva esa aptitud especial de la raza-. Para poder realizar una prueba de campo de contacto en corral, es menester contar con un corral, uno o más jabalíes y varios perros dogo argentino. En este tipo de entrenamiento, los perros deben inmovilizar al jabalí, lo que puede ocasionarle eventualmente algún tipo de herida o incapacidad, tanto al jabalí, como a los perros. Por ello entendemos que de producirse ese resultado, dichos animales deberán ser prontamente atendidos por un veterinario, siendo deseable que el mismo se halle presente en el momento de la realización de dicha prueba de campo. La cacería y la cría de perros, son dos actividades no sólo permitidas por el Estado, sino además fomentadas por el mismo. La cacería se encuentra regida por diversas leyes, decretos y resoluciones tanto nacionales como provinciales, entre las que debemos destacar: I) La ley 22.421 de Conservación de la Fauna. II) El decreto 666/97, que reglamenta la mencionada ley 22.241 (Protección y conservación de la fauna silvestre. Aprovechamiento racional de la fauna silvestre. Importación, exportación y comercio interprovincial. Infracciones administrativas - Decomisos. Apruébase el Reglamento de Caza. Derogando el Decreto N° 691/81). III) La Resolución 208/98, de la Secretaria de Recursos naturales y desarrollo sustentable de la Presidencia de la Nación, que crea el Registro Nacional de Cazadores Deportivos que funcionará en el ámbito de la Dirección de Flora y Fauna Silvestres y tendrá a su cargo la emisión de la Licencia Nacional de Cazador Deportivo. IV) La Resolución Nº 209/98, de la Secretaria de Recursos naturales y desarrollo sustentable de la Presidencia de la Nación, que crea la Comisión Nacional Asesora para la Fauna Silvestre y su Hábitat. V) La ley 1194 de Conservación de la Fauna de la Provincia de La Pampa. VI) El decreto 4806 del 2002, de la Provincia de San Luis, que establece la finalización parcial del período de veda de la caza deportiva, que se había establecido por el decreto 1707/97. Toda esta normativa debe interpretarse en forma conjunta con la ley 14.346 de Malos tratos o actos de crueldad contra animales publicada el 5 de noviembre de 1954, es decir hace más de 50 años. A su vez la cría de perros, es una actividad permitida por el Estado y las distintas Asociaciones han dictado Estatutos que la rigen, que también deben incluirse en la interpretación aludida; pese a ser normas de menor jerarquía, pues el Estado ha delegado su dictado por la especificidad en dichas Asociaciones, que han sido habilitadas por ostentar personería jurídica -no debemos olvidar que dichos Estatutos han sido revisados y convalidados por el Estado al otorgarles dicha personería-. No debemos olvidar que tanto la cacería como la cría de perros, significan ingentes fuentes de ingresos para el Estado y los particulares vinculados a las mismas; sobre todo ingresos provenientes del extranjero, de allí el interés del Estado en su promoción. Ahora bien, entrando de lleno a analizar e interpretar el alcance de las disposiciones de la ley 14.346, con respecto a las pruebas de campo de contacto, debemos efectuar las siguientes reflexiones.

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