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PERFUME DE MUJER

A pesar de lo que pudiera parecer, la participación de la mujer en la guerra no es algo relativamente reciente, sino que data de mucho antes. Existen algunas referencias en textos antiguos con matices mitológicos sobre su participación en algunas batallas, como por ejemplo el asedio de Constantinopla. No es extraño encontrar referencias de heroínas militares concretas, pero no de grupos numerosos de mujeres. Tal vez una de las más documentadas es la intervención guerrera de mujeres en Japón, las Onna-bugeisha, entre los siglos VIII y XII, donde se especializaban en el uso del arco y de una especie de alabarda denominada “naginata”. Pero sería en la Segunda Guerra Mundial cuando se pondría de relieve su papel como fuerza militar, especialmente en el ejército soviético, donde su participación directa en la lucha como miembros de todos los servicios y unidades ascendió al 8% del total de las fuerzas armadas. En el resto de contendientes, su participación se limitaría a un papel como reservistas o como unidades de apoyo (incluido el trabajo en fábricas de municiones). Desde entonces y hasta ahora las mujeres se han ido integrando en las fuerzas armadas y tropas más o menos regulares, asumiendo roles de apoyo y de combate. Algunos ejemplos: el ejército estadounidense cuenta con un 14% de mujeres, son aproximadamente el 20% de los efectivos de las fuerzas, o si nos referimos a grupos terroristas, como los ya extintos Tigres de Liberación del Eelam Tamil, estas llegaban a un total de aproximadamente un 33% de los efectivos totales. Vamos a hacer un repaso de algunas mujeres que se han distinguido por su rol como francotiradoras, desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días. Durante el mismo daremos apuntes biográficos, periodos de actividad, señalaremos su arma empleada y daremos la cifra de enemigos abatidos. Aunque al ser acciones de guerra y formar parte de la propaganda en torno a la misma, deberemos ser cautelosos con respecto a las mismas. De todos es conocido como muchas veces se exageraron los logros bélicos, con la intención de motivar a las propias tropas y desmoralizar a las del enemigo. Lyudmila Pavlichenko alias “La dama de la muerte” – EjErcito SoviEtico (1941-1942) La época de los grandes francotiradores y de los records del número de bajas conseguidas se produciría durante la Segunda Guerra Mundial. Sería además el periodo donde aparecerían las primeras escuelas para francotiradores, siendo las primeras de los rusos, seguidas por las alemanas. Fue en la Escuela Central de Francotiradores Femeninos de Podolsk, en las afueras de Moscú, donde los soviéticos llegarían a entrenar de 2.000 a 2.500 mujeres en esta tarea. De todas formas es importante decir que los rusos, en mucha menor medida que los alemanes y a través de organizaciones paralelas no obligatorias, contemplaban la formación del tiro para los menores de edad. Este es el caso de Lyudmila, que fue entrenada cuando contaba con 14 años por una asociación paramilitar creada en 1927, la OsoaviaKhIm (Sociedad Voluntaria de Ayuda al Ejército, Fuerza Aérea y Naval), donde ya fue condecorada por su destreza con el fusil. Esto último la valió para ser admitida en el frente, pese a las reticencias iniciales de la oficina de reclutamiento y sin pasar por la academia de francotiradoras. Lyudmila Pavlichenko era una estudiante ucraniana de historia en la Universidad de Kiev, siendo la mujer que actualmente posee el récord de bajas para una mujer con este rol, con la impresionante cifra de 309 muertes confirmadas. De los cuales fueron casi 100 oficiales y 36 francotiradores, algunos de los cuales fueron enviados ex profeso a matarla. Las armas empleadas para el logro de este récord serían el Mosin-Nagant al principio de su participación en la guerra y posteriormente el SVT-39/40, existen fotos empuñándolos indistintamente. Las tácticas de francotirador de alemanes y rusos durante la Segunda Guerra Mundial eran sustancialmente diferentes. Mientras los primeros apostaban por los francotiradores en solitario, los segundos trabajaban en unidades exclusivas de tiradores designados. Al respecto de su récord hay numerosas contradicciones sobre la misma, aunque parece admitirse la cifra de 309 bajas. Se distinguiría especialmente durante la campaña de Crimea en Sebastopol, en la que en un plazo de ocho meses abatiría a 257 alemanes. Sería allí, en junio de 1942, cuando sería herida por cuarta vez por el proyectil de un mortero, que había explotado cerca de la posición donde se hallaba escondida. Es en este punto y al haberse convertido en una especie de celebridad y símbolo público, cuando los oficiales del Ejército Rojo no estuvieron dispuestos a arriesgarse a que la mataran. Fue partir de ese momento apartada del servicio en el frente y sacada en un submarino de Sebastopol. Posteriormente se le asignó un nuevo trabajo como un instructor de francotiradores, que no llegaría a ejercer, además de “embajador del ejército rojo”. Esta decisión supuso una suerte para ella, ya que toda su división incluído su marido, sería aniquilada por los alemanes.

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