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¿QUÉ ES LA LEGÍTIMA DEFENSA?

Hemos querido publicar una serie de artículos sobre armas, desde el punto de vista legal, -si el director de esta distinguida publicación nos lo permite-, destinados a esclarecer algunos puntos que para los legos presentan arduas dudas y provocan acaloradas discusiones en campos de tiro, charlas de café y asados. Quiero primeramente aclarar que soy un apasionado por las armas de fuego, no por la violencia, violencia que no sólo mediante las armas de fuego se puede ejercer, puedo afirmar sin temor a equivocarme, -luego de 31 años en el Servicio de Justicia penal- que he visto consumar más delitos con cuchillos serrucho de una conocida marca brasileña, que con armas de fuego; dejo las conclusiones de por sí obvias, a los lectores. Me apasiona disparar con ellas en los polígonos, recargar su munición, coleccionarlas, desarmarlas, compartirlas con mis amigos -que sean Legítimos Usuarios- y cazar. Entrando al tema que nos convoca, podemos decir que la legítima defensa es una clase de estado de necesidad -hay una relación de género a especie-, pero se diferencia en que mientras el estado de necesidad es una acción, la legítima defensa es una reacción. Se encuentra receptada en el art. 34 incisos 6º y 7º del Código Penal. Es la reacción necesaria contra una agresión injusta, actual y no provocada. Si esa reacción llega a lesionar un bien jurídico del agresor, está justificada y por ende, no es ilícita. Al ser una reacción, requiere una acción precedente que la determine, pero además, esa acción debe ser ilegítima, es decir contraria al derecho. La base de la legítima defensa es un estado de peligro para un bien jurídicamente protegido, peligro que no puede ser evitado por el Estado. Diferencia con la llamada justicia por mano propia Es menester atento la difusión periodística que se ha dado a casos relacionados con la legítima defensa, hacer algunas reflexiones. Una cosa es la legítima defensa y otra muy distinta es lo que se ha dado en llamar “Justicia por Mano propia”, que sería semejante a la Ley de Linch, por la cual algunas personas ahorcaban (linchaban) a otra que consideraban culpable de un delito -robo de caballos en el Lejano Oeste-; o en casos más recientes persiguen y matan a los delincuentes, o queman las viviendas de los presuntos autores de un delito.. La Justicia por mano propia, es una forma de la venganza, no está permitida ni tolerada por la ley, quien la lleve adelante debe responder por su conducta, si la misma ha constituido algún delito. Algunos comunicadores sociales, con evidente mala fe, han pretendido confundir a la población, presentando casos claros de legítima defensa, como si fueran de justicia por mano propia; sin mensurar que esa conducta es contraria al Estado democrático constitucional de Derecho, constituyendo un claro abuso del derecho a informar, pudiendo constituir además el delito de calumnias. El legislador con suma prudencia y sabiduría ha instituido la legitima defensa para los casos, en que el Estado no tiene otra posibilidad de resolver el conflicto y se ha elaborado para entender estos supuestos la Teoría del Fin (Graf Zu Dohna- Eb. Schmidt), esta teoría resalta que el Estado tiende a garantizar la convivencia entre sus habitantes, cuando se llega a un límite de la misma, donde uno de ellos pretende abusar de sus derechos constitucionales, y admite que el otro pueda defenderse para garantizar sus propios derechos, frente al abuso del que es objeto. Abuso que el Estado, materialmente no puede evitar, ya que no se halla presente a través de sus órganos, como sería la Policía, que no puede estar en todos los lugares, en el momento en que se produce la violación a la ley -ni en este país, ni en ningún otro del mundo, aunque hipotéticamente contara con los medios adecuados- Al respecto y con la claridad que lo caracteriza, dice el profesor Zaffaroni en su Manual de Derecho Penal, “Los ejercicios de derechos que surgen de los tipos permisivos no son fomentados por el Estado, sino solamente concedidos ante la imposibilidad de resolver la situación conflictiva de otra manera”. La legítima defensa incluso es admitida por la Iglesia Católica, tanto por los padres de la Iglesia por ejemplo Santo Tomas de Aquino, como por encíclicas papales y también es receptada en el Código de Derecho Canónico, en el art. 1324 inc. 6º, que dice: “...por quien actuó en legítima defensa contra un injusto agresor de si mismo o de otro,...”. Lo que debe quedar claro es que la legitima defensa, constituye un remedio excepcional que debe ser apreciado en forma prudente por el juzgador y que el ciudadano debe restringir su ejercicio a los casos que la ley lo admite, no debiendo confundirse con otras conductas -justicia por mano propia, ley de Linch-, que entran en el terreno de la venganza y por ello constituyen a su vez delitos -homicidio, lesiones, etc.

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