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BREVE HISTORIA DE UNA BÚSQUEDA IMPLACABLE

Mi gusto por las armas empezó siendo muy joven. Creo que jugó un papel muy importante los relatos de un tío abuelo de mi padre, quien había combatido en la Segunda Guerra Mundial. Su anécdota de cómo le había salvado la vida una pistola Colt Modelo 1911, me marcó para siempre. Luego, el cine y los famosos “western”, jugaron otro rol importante. Los Colt Simple Acción de 1873, con su silueta inconfundible, se grabaron en mi retina. La aparición de la revista MAGNUM, fue otro aspecto que influyó casi de manera definitiva en mi gusto por las armas. la descubrí en el número 3 (la que tenía en tapa a la pistola H&K P7). A partir de ese momento comencé a leer con avidez sus notas, en especial las que trataba sobre la historia de las armas, especialmente las cortas. Me atrapó la que escribiera Tavella Madariaga sobre la Ballester Molina, y Abel Domenech sobre su inocultable predilección por las armas de Colt. Con el tiempo también empecé a disfrutar los escritos de autores como Reynoso (un indudable hombre “operativo”), las ironías y humor de Elido Cividini, la sapiencia de Oscar Albino y la exquisita pluma de Abel Santa Cruz, debiendo aclarar que la caza no es algo que me guste, pero los buenos relatos, se aprecian más allá del tema tratado. También aprendí mucho con Lorenzo Santos Bonet, sobre balística (se nota que quemó kilos de pólvora antes de escribir sobre un tema determinado. En fin, la lista puede continuar, con mucho más nombres que, seguramente sin saberlo ellos, fueron muy importantes para mí. En cierto momento de mi vida decidí comenzar a comprar algunas de las armas que me parecían que habían sido muy importantes, ya sea por su historia, su diseño innovador o porque simplemente me gustaban. La mayoría de las que he comprado a través de los años, nunca las disparé. En un momento pensé en “coleccionar armas”. Me puse a leer (mi segunda pasión después de las armas) sobre los que coleccionaban “cosas”. Por ejemplo estampillas, monedas y hasta autos. La mayoría se había fijado un patrón de conducta. En el caso de las estampillas, lo hacían por países o períodos históricos, casi el mismo criterio se usaba para las monedas y en el caso de los autos ese criterio se ampliaba un poco, por ejemplo los fabricados por una marca en especial. Me di cuenta que yo no podía establecer un parámetro determinado y llegué a la conclusión que nunca sería un coleccionista serio de armas, sino más bien como un “juntador arbitrario”. LAS ARMAS Esperando no aburrir al lector con mis “desvaríos fierreros” voy a pasar a contarles algunas de las compré junto a una breve síntesis de las mismas. Obviamente la primera que busqué -y que fue muy difícil de encontrar- fue la Colt 1911. Después de recorrer y recorrer armerías di con una inmaculada en la desaparecida casa Pedro Worns. Era bastante cara, pero por entonces me podía dar ciertos lujos. Aunque es bien conocida la historia, después del fracaso militar en Filipinas, donde el .38 Long Colt se mostró insuficiente para detener a los nativos, el ejército comenzó la búsqueda de un nuevo calibre. Finalmente se optó por el .45 ACP y la pistola Colt. A partir de 1923 se le hacen algunas modificaciones y finalmente se la denomina Colt Modelo 1911 A1. Al tiempo salí en la búsqueda del A1, cosa que fue mucho más sencillo de encontrar. Ya tenía las dos Colt. Entonces me dije, ¿cómo no vas a tener la versión autóctona?, o sea la que conocemos como Sistema Colt. En el año 1927 se celebra un contrato entre la fábrica Colt y Fabricaciones Militares para la producción de 10.000 pistolas. Estas pistolas se denominaron oficialmente como Pistola Colt Modelo Argentino 1927. Esos primeros ejemplares llevaron los marcajes del Ejército Argentino. Después de leer, como señalé líneas arriba, las notas en MAGNUM sobre la fábrica Ballester Molina, no dudé en comprarme la primer Ballester .45 ACP. En realidad quería una de las que llevaban la inscripción Ballester-Rigaud, que fueron de las primeras, pero la búsqueda no dio sus frutos, de manera que me “conformé” con la Ballester Molina. Parecía que “la colección” se encaminaba a ser conformada por pistolas calibre .45 ACP. Apareció el “niño” que aun está dentro mío, diciendo: Colt SAA Modelo 1873. Para qué... Encontrar a alguien que quisiera vender una joya de estas fue una “cruzada revolvera” (para no volver a repetir el término fierreo). Encontrar uno en las armerías porteñas fue imposible (sino lo tenía ni Worns ni La Veneziana) no lo podía tener nadie. Se me ocurrió llamar a un viejo socio de AACAM (ya fallecido) para preguntarle. Me dio el teléfono de alguien que coleccionaba este tipo de revólver. Acordamos una cita en su casa. Nunca había visto semejante colección. Muy apenado, me dijo que tenía que vender algunos porque tenía que costear una grave enfermedad de la esposa. Obviamente cuando elegí el que me gustaba le pagué lo que me pidió, sin pedirle ningún tipo de rebaja.

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