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LA EVOLUCIÓN DEL ARMAMENTO RUSO

La historia de Rusia es, en buena parte, la historia de sus guerras. Se sabe que los eslavos orientales, fundadores del antiguo estado ruso, desarrollaron el arte militar a fin de defender sus poblados frente a los bestiales ataques de los hunos y otras tribus nómadas esteparias. Cuando a finales del siglo IX se unificaron para formar un Estado único -alrededor de Kiev y Nóvgord- los eslavos contaban con una perfecta capacidad militar. Hábiles armeros hacían espadas de dos filos, lanzas, escudos, armaduras y cotas de malla. Las armas rusas gozaban de considerable estima, y los enemigos respetaban a la druzhina (destacamentos armados rusos, duros en el arte bélico). En virtud de este poderío, los príncipes rusos ensancharon sus fronteras desde los mares nórdicos hasta las estepas adyacentes al Mar Negro. Pero a medida que transcurría el feudalismo, los principados rusos rivales, como ocurrió en toda Europa, se hacían la guerra unos a otros. A partir de 1223, sin embargo, tuvieron que enfrentar al torbellino invasor de las hordas mongolo-tártaras, acaudilladas por Gengis Kan, quien pretendía conquistar Europa. Los mongoles, “los mejores arqueros que se conocen el mundo”, según expresión de Marco Polo, introdujeron en Rusia nuevas técnicas castrenses y su formidable arte de combatir. Su ejército, disciplinado y fiero, disponía de cascos, hachas, sables y corazas de cuero grueso casi invulnerables a las flechas; empleaban arietes, torres de asalto, catapultas y máquinas que arrojaban gigantescas flechas y vasijas con material inflamable. Su fulminante caballería era su más temido armamento de choque. Los rusos opusieron una tenaz resistencia, pero no pudieron evitar que el dominio de la Horda de Oro (así se llamaba el Estado de nómadas establecido por el Kan Batu, nieto de Gengis Kan) durara más de dos siglos. Durante este período, suecos, alemanes y daneses invadieron Rusia en repetidas ocasiones. Dos triunfales hechos de armas encumbraron al príncipe Nóvgorod, Alejandro Yaroslávich “Nevski”, al vencer a los suecos en 1240 y a los caballeros teutones, en 1242. Su mesnada o ejército lo formaban guerreros experimentados en el uso de la robusta espada medieval y lanza, y milicias campesinas que portaban hachas, cuchillos y garrotes. Entretanto, Moscú encabezaba la lucha contra los mongoles. Grandiosos y encarnizados combates ilustran esta etapa de la historia rusa como la recordada batalla de Kulikovo -en el curso superior del río Don-, en 1380, en la que el príncipe Dimitri Ivánovich derrotó al poderoso ejército tártaro del adalid Mamái, primera gran victoria rusa en su guerra contra los kanes de la Horda de Oro. La liberación del yugo mongol tártaro se produjo a finales del siglo XV.

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