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LA INTERRUPCIÓN DE LOS DISPAROS EN LAS PISTOLAS

Prácticamente desde sus comienzos, las pistolas semiautomáticas superaron al tradicional revólver de doble acción en sus prestaciones técnicas de tiro y desde el punto de vista táctico también. Nada más basta con recordar que en los principios de la aviación de guerra, algunos pilotos se defendían de otros adversarios en el aire con pistolas Mauser C-96, para tomar real dimensión de su aporte y valía. Esta pistola, aun con un diseño anterior al siglo XX, sería temida hoy día en cualquier frente de combate por su precisión, potencia, alcance, penetración, velocidad de fuego, cadencia, velocidad de recarga, solo por mencionar algunos detalles tácticos. No obstante, a lo largo de su evolución, la pistola semiautomática no se mostró tan confiable para los usuarios como el tradicional revólver. Ciertas frases como: el revólver son los seis tiros más seguros del mundo, se hicieron populares y hasta cierto punto tienen razón. Si lo vemos desde el punto de vista estadístico, las pistolas fallan más que los revólveres. Sobre todo porque su buen funcionamiento depende de muchos más factores que el revólver. La limpieza y el mantenimiento adecuado, la correcta lubricación, el buen estado de las piezas, muelles y resortes, cargadores en buenas condiciones, cartuchería apropiada, e incluso, la correcta operación por parte del usuario, son factores que inciden directamente en el correcto funcionamiento o las fallas durante el tiro. Mi intención es analizar y conocer a las pistolas semiautomáticas con un aspecto muy importante en su aplicación táctica, que son sus fallas durante el fuego. Creo que no debe existir una situación más irónica y casi patética para un profesional, que necesitar de un arma bajo riesgo mortal, disponer de ella, y en el momento de usarla, que ésta falle cuando más la necesita su dueño. Dejando de lado de ley de Murphy, que a pesar de no existir se cumple, me recuerda ese refrán que dice: en casa de herrero cuchillo de palo. De hecho, las pistolas, dependiendo su tipo y diseño, poseen en mayor o menor medida probabilidades ciertas de sufrir alguna falla o interrupción durante el disparo. Es obligación y responsabilidad de su dueño conocerlas y entrenarse en su posible solución o respuesta táctica, mucho más si de ello depende su vida o la de un tercero. LAS FALLAS ADMINISTRATIVAS Para seguir un orden e ir por partes, como dijo Jack el destripador, considero apropiado separar el tema en dos grandes partes y luego profundizar cada una de ellas. El aspecto que tomaremos para separar el análisis será precisamente el técnico y el táctico. Cuando una pistola falla en el polígono o en uso deportivo, en su estudio y solución no existen mayores presiones, nos ocuparemos de ella entonces desde el punto de vista técnico, y a este análisis llamaré administrativo o técnico, y cada uno puede ponerle el nombre que quiera, no importa. Cuando un arma falla o se interrumpe en combate, el hecho deriva en problemas tácticos que pueden afectar el cumplimiento de la misión o la propia supervivencia, sin duda no es lo mismo y a este estudio denominaremos táctico, sus soluciones y respuestas también, ya que correrán por ese carril. Continuaré pues con las fallas técnicas y sus soluciones o respuestas administrativas, para el ir luego a las tácticas con mayor profundidad y conocimientos de causas. Una pistola cumple con diferentes ciclos en su funcionamiento. Los básicos son: apertura del cierre y recuperación, alimentación, percusión, extracción y expulsión, y de estos ciclos provienen precisamente la mayoría de las fallas o interrupciones durante el fuego. Quiere decir por ejemplo, que si algún experto le cortó un par de espiras al muelle recuperador para que la pistola patee menos, por decirlo de una manera no técnica, es probable que también le haya quitada fuerza a ese resorte para recuperarse, ocasionando fallas de alimentación por falta de fuerza en la acción de volver y producir el acerrojado del sistema. Igualmente, si quitó espiras al muelle real del martillo, también quitó fuerza al martillo para transmitir energía al percutor. Quizá otro experto limó el fiador para alivianar el mecanismo de disparo, y entonces el martillo, con la fuerza del retroceso se cae solo, produciendo dos problemas: el arma se automatiza, disparando en ráfagas, o bien acompaña a la corredera sin producir el disparo deseado. Aun peor fue aquel que fresó su corredera para hacerla más liviana y por ende, más rápida y suave, sin respetar las leyes de la física y los cálculos de resistencia que un ingeniero se molestó en hacer. Resultado, la corredera finalmente se fracturó durante una sesión de tiro, y fue a dar en pleno rostro de su dueño, provocando heridas de consideración. Hace unos meses, mientras controlaba una práctica de tiro policial, una pistola provista, sin modificación alguna y con poco uso, también partió su corredera y la mitad posterior impactó en el rostro del tirador, produciendo otra vez heridas de consideración. En este caso la falla fue del material de origen y nadie la había modificado, seguramente por no realizar los debidos estudios y test de aptitud al material adquirido y provisto. Tampoco falta el que aprendió a usar la ventana de extracción de su HP-35 para abrir una botella de cerveza, o el lomo de su robusta Colt 1911 como improvisado martillo, en fin, hay muchas anécdotas para contar. Y sin que ningún experto meta mano, muchas otras cosas pueden suceder, especialmente con los cartuchos mal recargados y a veces, hasta con los originales. Si un fulminante está mal puesto, quizá demasiado afuera de su alojamiento, puede dispararse por el golpe del cierre, o bien golpear con la uña extractora, o no funcionar. Si está muy comprimido y achatado, tampoco funcionará. Si las dimensiones del cartucho recargado están excedidas, seguramente la pistola no terminará de acerrojar completamente y no disparará. Si la posición es forzada quizá sea muy difícil retirarla para realizar una nueva alimentación. En lo administrativo esto no es grave, en lo táctico, sí es grave. Una vaina inflada puede quedarse clavada en la recámara. Una punta mal colocada, de radio de ojiva inadecuado o demasiado larga, se trabará con el inicio del estriado impidiendo el cierre. Una pestaña gastada puede resbalar de la uña extractora. Un cartucho débil no proporcionará suficiente energía para completar el ciclo de apertura de la corredera, y uno con excesiva presión puede ocasionar mayores daños. Hace algún tiempo, durante una práctica de tiro con personal policial, mientras utilizábamos munición recargada con pistolas ametralladoras PA-3, en su vieja denominación y modelo, un cartucho mal recargado explotó antes de ingresar a la recámara, ocasionando heridas al tirador que hubieran sido mucho más graves en caso de no contar con protección ocular. En otra oportunidad, una escopeta con el cierre gastado, se disparó sin obturar completamente el cartucho, creando un cono de fuego en su ventana de extracción. Estas son fallas, que aunque ocasionen accidentes en una situación administrativa, no dejan de ser peligrosas. Por su parte, un cargador golpeado, abollado, mal armado, incidirá directamente en el correcto funcionamiento de la pistola en cuestión, por más que esta se encuentre en perfecto estado. Alguien dijo que el cargador es el alma de una pistola semiautomática y lo encuentro acertado. Cuántas fallas de funcionamiento se solucionan en un instante con un simple cambio de cargador.

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