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LOS ELEFANTES, LAS ARMAS Y CALIBRES DE KARAMOJO BELL

Walter D.M. Bell se ha convertido en una leyenda entre los cazadores de elefantes, debido al éxito obtenido en el comercio de marfil durante la edad de oro de la caza en el este de Africa. Se lo conoce con el apodo de “Karamojo” debido a los numerosos safaris que realizó a través de esta remota área silvestre en el noroeste de Uganda. Es famoso por perfeccionar los disparos al cerebro, diseccionar sus cráneos y realizar un estudio cuidadoso de la anatomía de esa parte del cuerpo de los elefantes, por lo que podría predecir la trayectoria de la bala con un disparo realizado desde cualquier ángulo, para llegar al cerebro. El utilizó principalmente rifles calibre 6,5 y 7 mm. Fue un defensor de la colocación certera del disparo por sobre la utilización de calibres de gran diámetro. Muchos escritores modernos que escriben sobre él (tanto en Internet como en publicaciones de papel) han tendido a referirse a él sobre la cantidad de elefantes que mató. La cuenta oficial da la friolera de 1.011 en el transcurso de su carrera. También se refieren a lo que hizo o dejó de hacer con sus armas de pequeño calibre. En una época del resurgimiento de los calibres “magnum” en Africa, creo oportuno referirme un poco a su postura balística. Bell registró todos los disparos y muertes. Para él cazar elefantes no era un placer, era su negocio y necesitaba registrar todos los gastos. ARMAS Y CALIBRES De los 1.011 elefantes que mató, aproximadamente 800 de ellos fueron aniquilados con rifles Rigby calibre 7x57 mm (.275 Rigby) utilizando munición militar con puntas redondas de 173 GN. También lo hizo con una carabina Mannlicher-Schoenauer en calibre 6,5x54 mm, utilizando puntas FMJ de 159 GN y dijo alguna vez que probablemente era el arma más bella que alguna vez tuvo, pero lo dejó de lado debido a que muchas municiones venían defectuosas. Su primer disparo en un safari lo realizó con un Lee Enfield calibre.303 y con la munición regular que usaba el ejército, con una punta de 215 GN. Desde entonces llevaba un Lee del ejército con diez cartuchos como una especie de respaldo y con la esperanza de poder encontrar diez elefantes lo suficientemente “tontos” como para poder usar todas las municiones. También utilizó por un tiempo rifles en calibre .318 Westley Richards. Este calibre utiliza una punta de calibre .32 de 250 GN a una velocidad aproximada de 2.400 p/s, pero comprobó que no era muy confiable para sus propósitos y volvió al 7x57 mm. Tiempo más tarde escribió que el .318 WR era más “asesino” para ciertos tipos de disparo, mientras que el 7x57 era un calibre más “quirúrgico”. También afirmó que una de las razones por las que prefería el 7x57 era que la munición era más confiable y que no recordaba haber experimentado fallas, mientras que con las municiones deportivas inglesas, además de las militares en .303, le habían causado interminables problemas. Tuvo un rifle doble calibre .450/400 fabricado por Thomas Blend & Sons, pero no lo usó después de su primer safari, ya que consideró que no era lo suficientemente resistente y que con los rifles con el sistema Mauser a cerrojo, podía realizar el segundo disparo de manera tan rápida como con un doble. También escribió que abatir a un elefante utilizando un calibre “chico” si lo hacía al mismo lugar (de impacto) que usando uno “grande”. Esto lo corroboró cuando disparaba con el .303. Los paquidermos morían con la misma rapidez que al usar el .450/400. Para calcular los gastos de munición, hizo un cálculo promedio. Descubrió que con el .275 /7x57 mm) disparó un promedio de 1,5 disparos por cada elefante muerto. Esto significaba que la mitad del tiempo, solo precisaba un disparo. Un buen rendimiento para una gran cantidad de animales muertos con un rifle y un cartucho que estaba destinado a la caza de ciervos. También es interesante ver que, aunque Bell es uno de los defensores más famoso del uso de rifles “nitro” de pequeño calibre para caza mayor, no descubrió la técnica, ni fue su primer entusiasta. El cazador Arthur Neumann, por ejemplo, había estado cazando elefantes con un rifle Lee Metford en calibre .303 durante años, antes que Bell entrara en el negocio del marfil. Bell estará asociado para siempre con el fusil acción Mauser de John Rigby & Sons junto con el cartucho .275 Rigby, que fue la designación inglesa para el cartucho alemán 7x57 mm. Este calibre, de .284 con una punta de 173 GN alcanzaba por entonces una velocidad de 2.300 p/s. Bell utilizó para sus tiros al cerebro de los elefantes puntas sólidas totalmente encamisadas. Una vez declaró que una punta blanda nunca había ensuciado el ánima de su rifle. Es interesante comprar estas balísticas con lo que comúnmente se considera hoy como esencial. Uno no camina buscando un elefante por un desierto africano desconocido, llevando una herramienta que pueda considerar marginal y Bell tenía plena confianza en su habilidad para matar elefantes con el Rigby. Era su negocio y también su escondite, especialmente si se tiene en cuenta que la cantidad de dinero que se ganaba era importante. Para evaluar esto, escribió sobre un día en el que rastreó y le disparó a nueve elefantes. Estimó que había ganado 877 libras esterlinas producto del marfil cosechado de esas nueve muertes. Después de la expedición, regresó con marfil por valor de más de 23.000 libras esterlinas. Era una gran suma de dinero y, convertida al equivalente de la moneda de hoy, haría que sus ojos se llenaran de lágrimas. Uno no arriesga todo este dinero y esfuerzo con un calibre cuestionable. LOS COMIENZOS Walter Bell dejó Escocia, siendo ya un joven aventurero y obsesionado por la caza. primero viajó al Este de Africa y fue contratado como cazador de leones a la edad de 16 años, en el mismo tramo del ferrocarril que más tarde se hizo famoso por los leones de Tsavo, los devoradores de hombres que acechaban a los trabajadores del ferrocarril. Viajó por el territorio de Yukon para participar de la fiebre del oro y hacer fortuna. No funcionó y se convirtió en un tirador de feria en Dawson utilizando un Wincester, hasta que un compañero le robó. Se unió a las fuerzas canadienses enviadas para pelear junto a los británicos en la Guerra Boer en Sudáfrica a finales del siglo XIX. Cuando la guerra terminó compró una licencia para cazar elefantes, preparando así su primer safari a pie en el este de Africa. Bell se convirtió en un exitoso cazador de elefantes no solo, por su habilidad con el rifle, sino también debido a las buenas relaciones mantenidas con los lugareños en los territorios por los que viajó. Por entonces vastas colonias de Africa aun no habían sido colonizadas ni habían entrado los comerciantes. Para muchos nativos, él fue el primer hombre blanco que habían visto. Siempre estaba dispuesto para darle regalos a los jefes y reyes de las tribus, así fue que les compró a ellos los permisos para cazar los elefantes. Una de las mejores ideas que tuvo fue publicar una recompensa de una vaca para cualquier africano que le diera información sobre el paradero de los elefantes, lo que provocó una matanza de cinco toros. Rápidamente tuvo un aluvión de avistamientos de los paquidermos y cumplió su palabra, pagando esa valiosa información. Para ahuyentar cualquier intento de asaltos a su campamento disparaba con su pistola Mauser Broomhandle piedras al aire (bastante fácil, escribió, con algo de práctica) lo que fue suficiente para lograr su objetivo. Dispararle a los animales salvajes para obtener carne y pieles, era una parte de sus deberes habituales como cazador de marfil. Entre sus porteadores, guardias de campo, hombres y sus familias se podían contar cerca de 200 personas, a quienes tenía que proporcionarle alimento y las pieles se usaban como bienes comerciales con los aldeanos de las zonas por donde pasaba. Para este propósito utilizó un Mannlicher calibre 6,5x54 mm fabricado por Gibbs, en los cuales utilizaba puntas blandas. Escribió que este rifle era muy preciso y probablemente con el que más disparos realizó, obteniendo la carne y las pieles que se usaban para fabricar sandalias, sillas de montar y otra gran cantidad de elementos. Los animales preferidos fueron los antílopes y jirafas.

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