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EL FACÓN Y OTROS FILOS

Como la mayoría de las personas que viven en contacto con la naturaleza, nuestro hombre de campo, el Gaucho, se munió de la herramienta más importante, necesaria y primitiva del ser humano, un cuchillo, el cuchillo, su cuchillo. Como la necesidad hace a la función, esta, a su vez, crea la especialización, es por ello que las características de los cuchillos son tan diversas como las zonas donde se utilizan. Facón, según los diccionarios, significa daga, cuchillo o puñal grande y puntiagudo y eso es todo. Pero eso no es todo, etimológicamente hablando, la palabra podría provenir de “faca”, tan española como portuguesa, aunque es en esta lengua donde se utiliza, más usualmente, para denominar cualquier tipo de cuchillo en general, siendo el “facón” una faca, cuchillo, daga o puñal grande. También existen otras posibilidades de palabras derivadas de otros idiomas (como el francés o el latín), pero a mi entender esta es la que me parece más lógica y verosímil. SUS ORIGENES A pesar que su posterior difusión parecería indicar otra cosa, el facón, como tal, es originario del Río de la Plata y su zona de influencia, la que alcanzó hasta el sur del Brasil. Inicialmente fue concebido como un arma, los usos, las costumbres y la misma idiosincrasia de los que lo usaban, impidió la difusión masiva de las armas de fuego, a lo que también contribuyó su alto costo y la dificultad de conseguirlas. Fue por ello que nuestro paisano acudió a otros elementos, más baratos, más fáciles de conseguir y más silenciosos, como aquellas tomadas de los indios: las boleadoras y la tacuara, muy útiles ambas para cazar y el facón, fundamental para defenderse cuerpo a cuerpo, ya sea de una fiera como de la “milicada” o de algún gaucho matrero. LA PLATERIA Los famosos plateros rioplatenses quedaron inmediatamente ligados a este instrumento, realizando verdaderas obras de arte, aunque muy pocas de esas joyas fueron a parar a manos de los gauchos, por obvias razones, dado su alto costo, tanto por el de los materiales como por el de la mano de obra. LA SOGUERIA En cambio la tarea artesanal de los sogueros sí engalanó gran cantidad de cuchillos, compitiendo entre ellos en calidad, precisión y originalidad de sus trabajos. Aún hoy en día tenemos en nuestra campaña simples paisanos que desarrollaron, durante generaciones, el arte de la soguería, encabando cuchillos propios y de amigos y parientes por el simple placer de hacerlo, sin cobrar nada por ello. Por supuesto los más importantes artesanos hacen valer sus obras muy bien, distinguiendo el cuchillo en que fue aplicado este arte y, por supuesto, encareciéndolo considerablemente. La soguería, que merecería un capítulo aparte, consiste en el tejido de tiento, generalmente de potro, sobre pomos de madera para luego ser utilizados como cabos, como así también engalardonando las vainas con sus costuras, adornando hebillas, cuentaganados y hasta modernas correas para relojes de muñeca. Como antes se dijo se utiliza tiento de potro, el mismo consiste en una tira delgada y larga, cortada a pulso por el mismo artesano (aunque actualmente existen aparatos diseñados para tal efecto pero su utilización es despreciada por los “auténticos” cultores de esta artesanía) en forma de espiral para conseguir la longitud deseada. SU FORMA El diseño del facón responde directamente a su origen como arma, su larga hoja, su punta aguzada y el generoso falso filo (o contrafilo). La hoja: su longitud nunca es menor, generalmente, a los 40 centímetros, siendo su ancho promedio de unos 30 milímetros. Como vimos anteriormente posee un generoso falso filo, que ocupa el primer tercio de la misma. El recazo y la bigotera son pequeños y en algunos casos inexistentes. El filo puede ser logrado sin bisel, con un desbaste que comienza en el lomo, lo que acentúa aún más su agudeza, modelos más modernos le han incorporado biseles que hacen más robusta la hoja y, a mi criterio, le dan mayor belleza. En cuanto a los materiales con las que se fabricaban, dependía más o menos de lo que se consiguiera, hojas de bayonetas, machetes y hasta sables, la principal condición era su longitud, la que debía alcanzar, además, para la espiga del cabo. El acero, debido a su origen, era casi siempre de buena calidad, teniendo en cuenta las limitaciones de aquellas épocas, que permitían un fácil forjado y un buen filo, el que se podía mantener sin mayores esfuerzos. El gavilán: la defensa más común es en forma de “S” (ese), con la curva superior orientada sobre el lomo y la inferior sobre la empuñadura, también puede ser recta (en cruz) o en forma de “U”, con ambos extremos volcados sobre la hoja, este último era el preferido por los que lo utilizaban más frecuentemente para pelear, pues con este aditamento tenían la posibilidad de trabar la otra hoja y desarmar al enemigo. Los más caros lo poseían de plata, también se construían en acero o bronce. El cabo: bastante robusto, como para soportar esfuerzos importantes, unido a la hoja por una generosa espiga. Su forma es inconfundible, es un cono truncado, con su parte más fina dirigida hacia el gavilán, con un pomo o remate del mismo material de éste y, muy frecuentemente, bastante reclamado. Son construidos en metal (generalmente plata y, los más costosos, con incrustaciones de oro), de madera, de “guampa” (vacuno) o de asta de ciervo (no muy comunes y no muy deseados, pues este material puede llegar a molestar en la palma de la mano luego de un tiempo prolongado de uso), todos ellos con la posibilidad de ser adornados con incrustaciones. La vaina. Su forma copia la de la hoja, las de mejor calidad lo hacen de tal manera que no es posible invertir la posición del cuchillo (no son simétricas), son las llamadas vainas criollas y su principal característica (cuando son de cuero) es su terminación, son de una sola pieza y la costura se encuentra en el centro y a todo lo largo de la cara anterior. Los materiales utilizados son el metal o el cuero, aunque he visto algunas de madera, hechas con el mismo material del cabo, que, mediante una excelente terminación, da la sensación de ser simplemente un trozo pulido de madera.

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