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POR QUÉ PRACTICAR BENCHREST

Si bien mi comienzos como tirador deportivo, en la hoy ya muy lejana juventud, fueron con arma larga (los Mauser Argentinos 1891 ó 1909 que uno podía utilizar en Tiro Federal en los años ’60 con un modestísimo costo de munición), los años en que continué practicando tiro de precisión en diversas disciplinas, lo hice con armas cortas, desde Pistola Neumática a Pistola Militar, pasando por Pistola Estándar y Fuego Central. Hasta no hace tanto tiempo, digamos un par de años o poco más, cada vez que pasaba ocasionalmente por las líneas de Tiro Federal en las que se tira Benchrest, me preguntaba qué interés podía despertar esta disciplina entre quienes la practican. Después de todo, pensaba yo erróneamente, sólo hay que poner el fusil en un buen apoyo, centrar la cruz del retículo de la mira telescópica en el lugar donde queremos tenga lugar el impacto y presionar la cola del disparador para liberar el disparo sin mover el fusil. ¿Parecía fácil, no? Casi una trivialidad. ¡Cómo engañan las apariencias y qué equivocado estaba! Lo cierto es que quizás por nostalgia, quizás por las ganas de hacer algo distinto, comencé hace algunos años a jugar con la idea de regresar a las armas largas. Fue así que resucité una vieja y noble carabina DWM, Mauser Argentino 1891 en calibre original 7,65 x 54 (la “mulita”) que había conservado sin tirar jamás desde mis tiempos de conscripción, es decir por más de 50 años y no hay error en esta cifra. Un año después de iniciados los trámites para blanquearla en el ex RENAR, y a pesar de quienes me aconsejaban no declararla para evitar que me la confiscaran, me llegó la esperada tenencia. Disparar por primera vez con ella en el polígono de fusil, después de tenerla conmigo por más de medio siglo sin haberla usado jamás, fue una experiencia no digo religiosa pero ciertamente emotiva. No exagero si digo que me saltó alguna lagrimita y no precisamente por el culatazo. La experiencia me entusiasmó y me llevó a interesarme por esa disciplina que yo miraba un poco sobre el hombro, es decir Benchrest. Adquirí una carabina CZ 452 calibre .22 LR y luego de un breve tiempo de práctica me largué a competir en Benchrest de bajo calibre a la distancia de 50 m. Ahí comencé a darme cuenta que hacer una buena agrupación requiere mucho más que simplemente apoyar el arma, ajustar la miras y apretar el disparador. La elección de la munición (en Benchrest de bajo calibre no hay otra posibilidad que munición Factory), el encamado o “bedding” del arma, y sobre todo la lectura del viento, son factores decisivos a la hora de agrupar. Como nos ocurre a todos los tiradores que competimos, he tenido días de gloria (pocos) y de mala fortuna (muchos más), pero aún en estos últimos, siempre me voy del polígono con la misma alegría y entusiasmo, sobre todo estimulado por la gran camaradería que, como en otras disciplinas, se establece entre quienes practican regularmente. Como podía esperarse, mi próximo paso fue adquirir un fusil para Benchrest grueso calibre. Tuve la suerte de poder echarle mano a un González CG-M1 Thunderbolt usado, construido por este talentoso ingeniero argentino de Zárate, que desde este insólito país hace fusiles para Benchrest comparables a los mejores del mundo. No exagero. Un arma que en la última prueba de fusil libre a 300 m me permitió logar una agrupación de 14,27 mm en cinco disparos. Seguramente pasará un buen tiempo antes que pueda repetir esta performance. Con un fusil similar, el Dr. Cristian Rando, compañero de andanzas en Benchrest, logró el subcampeonato mundial de la especialidad en Francia en 2011. Si Benchrest de bajo calibre es atractivo y difícil, más todavía lo es en grueso calibre. A las variables antes mencionadas se agregan ahora las variables de la recarga, sumado al hecho que las distancias de tiro son 100, 200 y 300 m. El calibre más empleado es el conocido 6 PPC y la recarga en el mismo polígono es una práctica habitual porque permite ajustar esas variables a las condiciones atmosféricas del día, humedad, viento, etc. Es interesante observar a los tiradores haciendo las recargas, desplegando una variedad de dispositivos y accesorios y manteniendo una concentración casi obsesiva en la tarea. En este sentido, el tirador de Benchrest es una mezcla de ingeniero de calidad y de mecánico de precisión. Sus recargas son dimensionalmente controladas a la centésima de milímetro, o a la milésima de pulgada, como lo hacen muchos benchresters que prefieren usar el sistema imperial de unidades. Pero si hay un secreto del éxito en bajo o grueso calibre, es saber “leer” el viento, lectura en la cual todavía me considero “analfabeto” Si bien las banderas de viento son una ayuda inestimable para procurar establecer su comportamiento, adquirir la experiencia necesaria para predecir el efecto que el viento puede tener sobre el punto de impacto del proyectil, a fin de efectuar la compensación necesaria, requiere desarrollar una fina percepción para interpretar el comportamiento de las banderas. Quienes logran esta precepción, están frecuentemente en los primeros puestos. En otras palabras, nada menos aburrido y más demandante que Benchrest en cualquiera de sus disciplinas: bajo calibre, varmint liviano o pesado, fusil libre, hunter y la relativamente nueva disciplina Tirador Especial en la que se usan exclusivamente fusiles de la II Guerra Mundial (o FAL como excepción por ser arma de dotación de nuestras Fuerzas Armadas). Disciplinas que hoy son de gran popularidad en Estados Unidos y Europa. Mi intención con este artículo es estimular a quienes aún no lo han hecho, a considerar incursionar en alguna de estas disciplinas. Puedo asegurar que quien lo haga no se arrepentirá ya que pronto sentirá el “flechazo” del Benchrest.

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