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ARMAS MONSTRUOSAS Y GIGANTES

En el ocaso de la Edad media fue el surgimiento de la artillería, el progreso más grande en el campo de los armamentos. Su potencia de fuego y el alto poder destructivo, además del efecto moral que se obtiene con su empleo -es el arma que más bajas logra causar a las tropas enemigas-, son considerablemente mayores que los de otros tipos de armas. En esa época ninguna otra máquina mortífera, de cuantas se habían inventado, era más poderosa que el cañón, e inclusive en nuestros días, continúa siendo el medio técnico de aniquilamiento fundamental de las fuerzas terrestres. La prole de la artillería la formaba un abigarrado repertorio de cañones de diversos tamaños, formas, nombres y calibres. Las piezas, curiosamente, eran bautizadas con nombres particulares, atributos o apodos, como cañón “salvaje” o cañón “Santiago”, etc., aunque existía una nomenclatura oficial para nombrar los tipos específicos de piezas (culebrina, bomarda, verso...). También en algún momento de la historia militar, a los cañones de sitio, de tamaño gigante y calibres desmedidos, se les empezó a llamar “mosntruos”. Los colosales cañones fabricados en los siglos XV y XVI tenían calibres empresi0nantes y arrojaban enormes proyectiles redondos, que se consideraban, en virtud de estos detalles de magnitud, las armas ideales para derrumbar las murallas de los castillos mejor fortificados. Así era la bombarda que los turcos de Mohamed II utilizaron contra las murallas de Constantinopla, en 1543. Medía más de 5m de largo. Esta descomunal boca de fuego necesitaba doscientos hombres para su manejo, y setenta pares de bueyes para su transportación. Pesaba 19 toneladas y disparaba siete veces al día una bala de piedra de 635 mm de diámetro y 270 kilos de peso. En 1382, los gatenses (belgas) poseían una bombarda de hierro forjado que medía más de 5 m de longitud y tenía 635 mm de calibre; cargaba un proyectil de granito de 315 kg. De peso. La Gran Bombarda de Gante, como se le conoce, es uno de los célebres cañones de la historia de la guerra. Es también famoso, por su gran porte, el cañón Mons Meg, utilizado en Escocia, en 1455. Podía lanzar proyectiles de hierro a 1.288 metros y de piedra a 2.625 de distancia. Era de 495 mm de calibre. Hizo su último disparo en el castillo de Edimburgo, en 1650. EL CAÑON ZAR Otra reliquia de la artillería antigua que nos maravilla es el Cañón Zar, nombrado así por su colosal tamaño, aunque también lo han llamado “Gran Monstruo de Moscú”; mientras que la mayoría de las personas, eruditos y admiradores, simplemente coinciden en catalogarlo de “rey de los cañones”. Este portento de bronce tenía el mayor calibre conocido de su tiempo: 915 mm. Medía 5,34 m de largo, con un peso de 40 toneladas. Disparaba una munición esférica de piedra de 1.830 kg. El maestro Andrei Chojov lo fundió en 1586 para utilizarlo contra la invasión de los tártaros. Actualmente, el Cañón Zar constituye una de las grandes curiosidades del Museo del Kremlin en la capital de Rusia.

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