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ORIGEN Y DESARROLLO DEL ATAQUE CON GASES

Los orígenes de la guerra con gases se remontan a millares de años y es necesario buscarlos en la antigüedad. Según datos históricos fueron los griegos y troyanos durante las guerras que sostuvieron entre sí en el siglo IX antes de Cristo, quienes utilizaron como agresivos, sustancias químicas, aun cuando existen suposiciones de haber sido utilizados con antelación por los chinos y egipcios. Durante la guerra del Peloponeso y en el asedio que hicieron los espartanos a la ciudad de Beccia, acumularon éstos junto a la muralla de la misma, gran cantidad de leña impregnada de pez y azufre que produjo al arder una densa humareda que hicera irrespirable el aire de la ciudad. El célebre historiador griego Tucidies (471-402 A.C.) en su historia de la guerra del Peloponeso, relata que los beocios, en el sitio de Delium utilizaron una máquina que podría considerarse como antecesora de los modernos lanzallamas. Ahuecaron una gran viga en uno de cuyos extremos colocaron un gran caldero en donde introducían gran cantidad de carbones en ignición, comunicando la misma mediante un tubo metálico en su interior y con unos grandes fuelles puestos en el otro extremo que producían una fuerte corriente de aire que se comprimía al pasar por la viga, determinando llamaradas que, dirigidas contra las murallas y parapetos de madera, ocasionaban el incendio de éstos. Asimismo solían agregar sobre los carbones, cantidades de azufre y pez que originaban una masa de gran densidad que enrarecía el aire. Alejandro utilizó la cal viva en polvo, la que producía al contacto con la transpiración, una irritación insoportable. En el capítulo 23 del libro “La vida de Sertorio” de Plutarco, podemos leer como Sertorio lucha contra los bárbaros y ordena a sus soldados levantar un terraplén de tierra suelta canizosa. El trabajo se efectúa de noche y a la mañana siguiente el viento Norte impulsa las finísimas partículas de caniza hacía las habitaciones de los bárbaros. Para aumentar el efecto deseado, Sertorio hace remover el terraplén y levantar densas nubes de polvo,lanzando caballos al galope sobre aquél. El polvo, llega así hasta los bárbaros, los ciega y provoca en ellos una tos convulsiva y asfixiante obligándolos a la rendición apenas transcurridos dos días. En el año 1499, viéndose amenaza la república de San marcos por los turcos, solicitaron al gran Leonardo Da Vinci un remedio para aliviar tal situación, siendo aconsejado por éste el enviar cuando el viento fuera favorable una mezcla fina de cal viva y oropimiente (sulfuro natural de arsénico que posee ´propiedades muy venenosas). Pero he aquí lo interesante, al darle el remedio, les significó el peligro que podría representar si el medio sustentante variáse en su dirección: “Ma guarda tu avere il vento che non ti mandare la pólvori in chontro o veramente areva el naso e la bocha una sottile peza vagnata e cío la pólvore non passi”. Podría asegurarse por ello que, aunque rudimentariamente, es éste el principio de la máscara antigás. Es frecuente encontrar también referencias medievales acerca de la preparación y empleo de medios químicos de combate. En el compendio de las Secreciones del famoso médico y naturalista Leonardo Fioravanti de Bolonia, año 1600 aproximadamente, se menciona un aceita destilado de la trementina, azufre, asafétida, defecación y sangre humana, cuyo hedor es tal que no hay hombre capaz de permanecer dentro del fuerte donde es lanzado. La Primera Guerra Mundial puede decirse que ha sido la primera guerra química y desde el día en que comenzó a utilizarse este inocuo método de lucha, todos los genios de la química se han abocado para descubrir nuevos compuestos, desconocidas combinaciones y mezclas científicas que fueran anulando la poderosa labor de contrario que lucha contra lo desconocido y, a veces, se siente impotente para combatir la enorme fuerza de los progresos de la ciencia al servicio del mal. El 27 de octubre de 1914 fue, según los alemanes, el primer día que se emplearon las bombas de gases asfixiantes. Se cree que en esa fecha emplearon por primera vez los agresivos químicos y que el primero fue el clorosulfato y clorosulfato de anisidina, mezcla de clorohidrato y sulfato, probablemente, de acción fisiológica estordunatoria. Es interesante lo que se cuenta a propósito de esta iniciación. En Alemania se atribuye al sabio profesor Nernst, aunque bien lo llevó a la práctica, fue el no menos famoso químico Haber. Dícese que el alto mando alemán puso al principio grandes obstáculos a la idea y después de continuos ruegos, lo permitió como ensayo en la acción de Yprés. Según informes lemanes , dicha misión practicada simplemente abriendo gran número de botellas de cloro líquido, duró ocho minutos y se extendió sobre un frente de 10 kilómetros.

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