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Cartuchos metálicos. Arma corta y larga. Nueva edición (2016).

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INTRODUCCIÓN AMIGABLE A LA BALÍSTICA DE LAS ARMAS DE FUEGO

Comencemos definiendo que se entiende por “Arma de Fuego”. Según el nomenclador oficial de la ANMaC (ex Renar), un arma de fuego es la que utiliza la energía de los gases producidos por la deflagración de las pólvoras, para lanzar un proyectil a distancia. La secuencia de operaciones que tienen lugar en un arma de fuego moderna cada vez que efectúa un disparo es esencialmente la siguiente: La primera operación es el movimiento de la cola del disparador (comúnmente denominado gatillo) que a través de algún mecanismo permite que la aguja percutora golpee al fulminante o iniciador. La figura. 1 muestra los componentes de un cartucho típico de fuego central de arma larga. Por esta acción mecánica, el fulminante produce una pequeña explosión que genera una pequeña cantidad de gas incandescente que pasa a través de uno o más orificios que conectan la cápsula que contiene el fulminante con la pólvora del cartucho, encendiéndola y dando lugar no a una explosión (combustión prácticamente instantánea) sino a una combustión muy rápida pero no explosiva denominada por este motivo deflagración. La deflagración rápida pero progresiva de la pólvora contenida en el cartucho genera una gran cantidad de gases a alta temperatura. Esto produce un rápido y progresivo aumento de la presión en el interior de la vaina del cartucho en el que se encuentra la pólvora. Cuando la presión alcanza un valor suficiente (presión de forzamiento), permite que el proyectil o bala (denominado habitualmente punta) que se encontraba insertada cerrando la vaina, se desprenda de ésta y comience a moverse bajo el empuje de los gases y se acelere hasta que finalmente abandona el cañón del arma saliendo por la boca de aquél con una cierta velocidad llamada por este motivo velocidad de boca o de inicio. Tengamos ahora en cuenta que mediciones hechas en laboratorio sobre el tiempo que transcurre entre el momento en que el proyectil comienza a moverse hasta que sale por la boca del cañón, denominado tiempo de ánima, en un fusil de calibre .30-06 con una bala de 9,7 gramos, con una velocidad de boca de 823 m/s, fue de 0,0098 seg., es decir alrededor de 1 milisegundo. En un arma corta, en la que la velocidad de boca puede ser significativamente menor, del orden de los 300 m/s, el tiempo de ánima no es mucho menor dado que se compensa en parte con el menor recorrido que debe efectuar el proyectil para llegar a la boca del arma, por lo que una estimación aproximada de 1 milisegundo sigue siendo apropiada. Si bien este tiempo puede parecernos muy breve, es suficiente como para afectar la trayectoria del proyectil por movimientos del cañón del arma que pueden producirse mientras el proyectil se encuentra aún dentro del aquél. El tiempo total que insume el proceso de disparo de un arma de fuego se comienza a computar en el momento en que el fiador libera el martillo o su equivalente para permitir que la aguja percutora impacte sobre el fulminante del cartucho. Este período de tiempo, es decir entre el accionamiento del fiador y el instante en que el percutor impacta sobre el fulminante, denominado tiempo de percusión, es importante porque en última instancia limita la velocidad de cadencia de disparos. Puede variar significativamente con el arma. Por ejemplo, puede ser de sólo 0,002 segundos (2 milisegundos) en algunos fusiles de caza con acción a cerrojo, y de 0,005 segundos en fusiles semiautomáticos. Finalizado el período de percusión, comienza el tiempo de encendido, que es el período que comienza con el impacto de la aguja percutora sobre el fulminante hasta el instante en que la punta comienza a abandonar la vaina. A continuación tenemos el tiempo de ánima ya referido. El tiempo de fuego, es decir el tiempo total que toma el proceso de disparo hasta el momento en que el proyectil abandona la boca del arma, será la suma del tiempo de percusión, más el tiempo de encendido, más el tiempo de ánima. En fusiles militares, este tiempo es de alrededor de 0,004 segundos. El análisis de todos los procesos que tiene lugar durante este período de tiempo de fuego, es el objeto de la balística interior. A partir del momento en que el proyectil abandona la boca del arma hasta su impacto en el blanco, aquél experimenta una serie de efectos que definen en última instancia su trayectoria. El análisis de estos efectos es objeto de la balística exterior. Algunos autores reconocen lo que llaman balística intermedia, que estudia los fenómenos que ocurren en el brevísimo instante en el cual el proyectil ya ha abandonado la boca del arma pero está aún sujeto a efectos producidos por los gases que acompañan la salida del proyectil. Finalmente, los fenómenos o efectos que tiene lugar a partir de la llegada del proyectil al blanco y hasta su detención, son objeto de estudio de la balística de efectos o balística terminal.

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