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LEONARDO DA VINCI: EL PRIMER GENIO ARMERO DE LA HISTORIA

Mucho se ha contado sobre el célebre inventor italiano Leonardo Da Vinci, desde que su obra comenzara a ser reconocida como la audaz creación de una de las inteligencias más asombrosas de todos los tiempos. Es sabido que ninguna cuestión de importancia científica, artística o filosófica escapaba al interés enciclopédico de Leonardo. El saber universal y todo lo relacionado con el hombre y la naturaleza, lo cautivaban. Por eso el autor del cuadro más famoso del mundo, La Gioconda o Mona Lisa, no solo brillaba como pintor y escultor, sino que además, se distinguía como un hombre de ciencia. Su afán de búsqueda en los complejos interrogantes de la ciencia, la técnica y el arte, lo impulsaban a realizar una labor polifacética en la actividad investigativa. De ahí que consagrara su atención a una vasta variedad de temas: la mecánica estática y dinámica, astronomía, teoría de las aguas, óptica, anatomía, música, botánica, geología, física, geometría y otras materias. Sus coetáneos lo admiraban por su sapiencia y sus formidables trabajos, ya se tratara de la canalización de un río, de la construcción de un castillo o de un puente, de la fundición de una colosal estatua ecuestre, de una máquina para levantar o transportar grandes pesos o de un complicado mecanismo de relojería; lo agasajaban reyes y príncipes, quienes reclamaban sus servicios en las cortes más refinadas de la época. Y en nuestros días, al gran sabio lo recordamos por haber sido el precursor del submarino, la telegrafía sin hilos, el helicóptero y otras conquistas técnicas. Desde hace mucho, sus estudios e innovaciones despertaron el mayor interés en las mentes fascinadas por su genialidad múltiple y visionaria. Y aunque pudiera parecer que su vida es bien conocida, lo cierto es que siempre hay alguna faceta en los “mil rostros” del subyugante sabio que falta por destacar lo suficiente y cuando se hace, aparece un nuevo Da Vinci, aun más próximo a nuestro presente. ¿sabemos acaso bastante de Leonardo que inventaba máquinas de guerra de uso terrestre, aéreo y marítimo? Precisamente, sobre este Da Vinci, poco conocido hablaremos. También el arte militar y los artificios bélicos de todo tipo, así como la arquitectura de fortalezas, captaron el interés de Leonardo. En su juventud había leído libros de historia militar e imaginaba ingenisos aparatos de combate desconocidos hasta entonces. Pero esta inclinación de su talento no significa de Da Vinci estuviera a favor de la guerra; la guerra en sí no era su pasión, sino la ciencia y la técnica aplicadas a la construcción de armas; la guerra era una parte más de la expansión lógica de su pensamiento emprendedor y la tenía latente en su entorno, resultado de la lucha histórica entre el viejo feudalismo y la naciente burguesía. Y Da Vinci fue un participante activo, como científico y patriota, en los trascendentales acontecimientos políticos y sociales que movían tumultuosamente la rueda de la historia a finales del siglo XV y principios del XVI. Leonardo ideaba armas, sí, pues encontraba en ello, no un objetivo determinado para ejercer la maldad, sino un campo más para aplicar sus conocimientos coordinados de ciencia y técnica; pero llegado el momento, sus proyectos militares no respaldaron la causa reaccionaria, porque se puso de parte del progreso burgués y de la unificación de Italia. La burguesía en aquellos momentos representaba la libertad, era una clase progresista, y Da Vinci no dudó en tomar partido por la clase que proclamaba como consigna el principio más apreciado por él, el de la libertad. Alguna vez escribiría al respecto: “Cuando me acosan ambiciosos tiranos, busco medios de atacar y defenderme a fin de preservar el principal don de la naturaleza, que es la libertad”. Así expone Leonardo, someramente, su filosofía sobre el papel que debe desempeñar el armamento en determinada situación histórica, como medio de salavaguarda de las conquistas revolucionarias. DE PITNOR A INGENIERO MILITAR Y CONSTRUCTOR DE ARMAS Incontables testimonios demuestran que Leonardo tenía excepcionales dotes para la invención y el perfeccionamiento de armas de ataque y defensa. Sus cuadernos manuscritos, denominados códices, donde se atesoran miles de notas, dibujos, esquemas y proyectos, asimismo sus cartas y tratados, revelan una extraordinaria capacidad para concebir medios de destrucción de indudable eficacia guerrera, muchos de los cuales causaron estupor y parecieron inverosímiles en su tiempo, dado el hecho de no corresponder con los diseños prototípicos que entonces se conocían, o porque fueron considerados muy complicados y excéntricos. Y en realidad, muchos de los aportes militares de Leonardo no llegaron a rebasar la condición de experimento teórico, y quedaron olvidados en su papelería; unos pocos fueron aplicados con éxito. Como suele suceder a los grandes pioneros o predecesores de tendencias y realizaciones del futuro, las inventivas militares de Leonardo estaban destinadas más al porvenir que a su época. Tenía a la sazón treinta años de edad (1482), cuando le escribió una reveladora carta al poderoso regente de Milán, duque Ludovico Sforza, a quien nombraban “El Moro”, para procurar que éste lo acogiera en su corte en calidad de artista e ingeniero militar. Es preciso no olvidar, que el dominio de ambas profesiones era muy estimado en el modelo de sabio durante el Renacimiento, pero, Leonardo se proclamaba, ante todo, pintor. Sin embargo, la carta que recibió imprevistamente el soberano del estado lombardo no podía calificarse de una simple formalidad de presentación, era más bien una especie de documento singular y hasta atrevido, una verdadera “patente” de conocimientos militares de la más diversa índole, en la cual se conjugan la fantasía y la ciencia en perfecta armonía. En la misma, Da Vinci hace la más impresionante enumeración de “secretos” bélicos que se hayan podido recordar en los anales de la guerra. La carta -que dada su importancia la presentamos íntegramente- expone lo siguiente: Muy ilustre Señor: Habiendo visto y estudiado suficientemente las pruebas de todos los que se consideran maestros e inventores de instrumentos de guerra, y hallando que su invención y uso de dichos instrumentos no se diferencian en ningún respecto de los que son práctica corriente, me atrevo, sin perjuicio para nadie a ponerme en comunicación con Vuestra Excelencia, con objeto de hacerle conocer mis secretos, y ofrecerme para demostrarle a su conveniencia y cuando lo estime oportuno, todas las materias que en parte indico brevemente a continuación. 1. Tengo planes para puentes, muy ligeros y resistentes, y a propósito para transportarse fácilmente, con los que perseguir y, a veces, derrotar al enemigo; y otros sólidos e indestructibles por el fuego o los asaltos, fáciles de transportar y de instalar en posición. Y planes para quemar y destruir los del enemigo. 2. Cuando una plaza está sitiada, sé cómo desviar el agua de los fosos, y cómo construir un número infinito de puentes, escaleras para asaltar las murallas y otros instrumentos relacionados con esa misma clase de empresa. 3. Si una plaza no puede ser reducida por el método del bombardeo, ya sea por la altura de sus glacis o por la fortaleza de su posición, tengo planes para destruir toda clase de fortalezas o reductos que no estén cimentados sobre roca.

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