CLASIFICADOS

CARTA DE LECTORES

Envíenos un mail para publicar en Revista Magnum!

Enviar e-mail

NÚMEROS ANTERIORES

Solicítenos los números atrasados que desea adquirir.

Hacer pedido

MANUAL DE RECARGA EDICION 2016

Cartuchos metálicos. Arma corta y larga. Nueva edición (2016).

Hacer pedido

CD

Años 1 y 2

Hacer pedido

REVÓLVER S&W MODELO M&P CALIBRE .38 SPL.

Después de haber descargado mi ira en números anteriores de esta revista contra foristas de Internet carentes de imaginación, contra armerías inescrupulosas, y contra la creciente burocracia estatal para no cambiar nada (Napoleón Bonaparte decía algo así como “Si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona; si quieres que algo no se haga encárgaselo a un comité”. Más cercano a nuestra cultura, Juan Domingo Perón decía, más ó menos: “Si quieres que algo no funcione, crea una comisión”. Pido perdón si no he citado textualmente; pero creo que se entiende la idea a transmitir); he decidido seguir atormentando a los ya sufridos lectores de MAGNUM con mi dialéctica sobre otro clásico de las armas: el Smith & Wesson Military and Police; esta vez en su versión de 2” de cañón. Ya la memoria me va fallando, o tal vez sea que he mutado a una memoria un tanto más selectiva; una memoria donde algunos recuerdos toman más relevancia que otros; y esos otros recuerdos, al ser relegados, se pierden. Será por ello que no recuerdo exactamente cuando fue que adquirí mi revolver Smith & Wesson Military & Police. Si recuerdo perfectamente el momento que, habiendo entrado en una conocida armería de Buenos Aires, luego de los saludos al personal presente en ella, fijé mi vista en la vitrina de las armas usadas. Ya expresé en otras notas que hube garabateado para esta noble publicación (y que espero hayan comprado y leído), mi predilección sobre las armas “viejas” por sobre las “nuevas”. Por supuesto que no soy totalmente inflexible respecto a esta preferencia (pues estos son mis valores, pero si no le gustan, tengo otros); ejemplo de ello es que si alguien me regala un rifle “Shilou Sharp” o un “Mauser African” nuevo lo voy a atesorar como si fuese del mismísimo siglo XIX. Volviendo al asunto de marras, en la vitrina de armas usadas (viejas, bha). Porque aquí el lector avezado en estas lides de las visitas a las armerías ya habrá hecho memoria, y habrá recordado la imagen de una armería típica, a saber: armas largas nuevas en su inmensa mayoría, en las paredes bien a la entrada de la armería; atrás, paradas un poco más al fondo, semi perdidas de la vista del comprador, las armas largas usadas. En los mostradores de armas cortas, otro tanto. Las armas cortas nuevas cerca de la entrada, las usadas (pero modernas) a continuación de estas; y allí, en el más recóndito mostrador, casi como si su mera presencia diese vergüenza, como si no merecieran un lugar privilegio por haber sido la razón de ser del presente, como si sólo lo moderno fuese superador de lo pasado, allí olvidadas estarán las armas antiguas. Ya que yo también soy medio viejito, siento que la vida misma tiene la disposición por mi descripta (y que espero haya podido transmitir como imagen al lector de esta notuela) de las armerías. Perdón si me he delirado un poco con la nota, pero como ya dije en otros artículos que escribí y que el amable señor Director se ha dignado a publicar (y le agradezco muchísimo por ello), escribo para contar mis experiencias y no sólo para contar como un autómata un poco de la historia, y el desempeño de un arma (por ejemplo: nombre del arma, características técnicas, prueba funcional, conclusiones, y allí se San se acabó el asunto). Hay que ponerle un poco de piripipí al asunto, sino la vida es más insípida que chupar un clavo. En el mostrador de las “armas viejitas” había un hermoso revolver. Resultó ser un Smith & Wesson Military & Police, posteriormente llamado modelo 10, en calibre .38” Smith & Wesson Special, con un cortísimo caño de 2” (que los americanos apodan como Snubnose o Snubbie, algo que podríamos traducir como “ñato”), empuñadura redonda, pavonado (ese pavón negro como la noche y brillante como un espejo, tan característico de los S&W). El revólver, usado por supuesto, estaba hermoso. El empuñe era magnífico. La toma de miras era totalmente natural, parecía ser parte de la mano. Al montar el martillo se podía sentir, en la palma de la mano y en la yema de los dedos, cada una de las piezas al moverse dentro del mecanismo. La traba del tambor, en ese punto exacto previo a la liberación del martillo, frenaba al mismo muy firmemente. Ningún juego libre espurio. Nada de esos pequeños juegos libres que tienen, o suelen tener algunos Colt previos a la serie de los Colt Trooper. Esos juegos que uno ruega a Dios permitan enfrentar al alvéolo del tambor con el cono de forzamiento del caño; y que de no hacerlo, nos llenan de dudas nuestra ropa interior al sentir ese spray de plomo surgente por delante del tambor (ya conté, en otro número, que tengo un muy viejo Colt New Service en calibre .455 Eley, el cual me arriesgué a disparar, totalmente inconsciente del peligro que corría al no funcionar correctamente el freno del tambor. Nunca más hago una de esas. El miedo no es zonzo). Ese efecto que jamás sentí al disparar un Smith & Wesson. Todo eran loas hacia el pequeño Smith. Por supuesto que no dudé un microsegundo en comprar al pequeño Smith; bueno, salvo por el tema monetario (aunque en ese momento de los vaivenes económicos de este querido país, por alguna razón que jamás logré entender, las armas estaban más baratas “en dólares” que ahora) donde siempre está esa disyuntiva respecto a gastar o no gastar, esa es la cuestión (espero que Shakespeare no se enoje por el plagio). Ya había adquirido y usado un S&W Hand Ejector con caño de 6” en ese mismísimo hermoso calibre y estaba muy contento con él, así que sólo faltaba ver como se comportaría el preciado bien. UN POCO DE HISTORIA NO LE HACE MAL A NADIE Smith & Wesson había sacado al mercado su primer Hand Ejector en calibre .32 Smith & Wesson, allá por el año 1896. Fue el primer revólver de S&W en tener un tambor basculante y una varilla extractora que permitía hacer una rápida recarga. También permitía que el armazón fuese más robusto que en aquellos revólveres de quebrar (además de la ventaja de poder manejar vainas de mayor largo, las cuales no podían ser fácilmente extraídas en los revólveres de quebrar). En 1899, el ejército de los Estados Unidos de Norte América solicitó a Smith & Wesson la provisión de 300 revólveres Hand Ejector en calibre .38 Long Colt (M1982 U. S. Service Cartridge). Debido a esta orden de compra, este modelo de revolver comenzó a conocerse como Modelo Military & Police. Se han escrito ríos de tinta respecto al pequeño problema que tuvieron las fuerzas armadas de los EE.UU. con la poco potente munición .38 Long Colt durante el conflicto conocido como Guerra Hispano-Americana, producida luego del misterioso hundimiento del acorazado Maine en Cuba el 15 de Febrero de 1898; que derivó en la conquista de las Colonias de España en el mundo por parte de los EE.UU; una de ellas en las Filipinas; 1899 - 1902 (debe haber sido un tanto desesperante ver avanzar al guerrero filipino habiendo sido impactado por varios disparos del citado cartucho sin lograr frenar su carga). En vista de ello, Smith & Wesson le ofreció al ejército estadounidense un cartucho con mayor poder de detención junto con su modelo Hand Ejector, conociéndose desde entonces como Smith & Wesson Military & Police .38 Smith & Wesson Special.

google analitycs