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LA IMPORTANCIA DE UNA PRÁCTICA CORRECTA EN EL TIRO

Siempre me consideré un especie de estudiante crónico en el tema de las armas de fuego. Este año me fijé como meta concurrir a algún tipo de curso o entrenamiento sobre armas de fuego, por lo menos una vez por mes. En los últimos años, después de haber tomado diferentes tipos de clases, es que creo necesario volver a lo “básico”. Aquí en los Estados Unidos es un derecho a tener y portar armas y eso implica ser responsable con las mismas. Tengo muchas horas de práctica realizando fuego “en seco” pero cuando concurro al polígono y disparo a los blancos, las agrupaciones que logro no se condicen con las horas de entrenamiento antes mencionadas. En uno de los tantos Show de armas me encontré con una cara conocida: era Oscar Sánchez compañero en algunas misiones especiales que realicé. Lo recordaba bien porque había sido el único estudiante que obtuvo una puntuación perfecta a lo largo de uno de los cursos que habíamos compartido. También había demostrado un gran conocimiento de las armas de fuego por encima y más allá de otros infantes de marina. Oscar actualmente dirige una empresa que brinda cursos de entrenamiento, dedicada tanto a civiles, policías como militares. En el mismo se enseña las técnicas de portación oculta de armas, disparos de precisión a larga distancia y otras especialidades. Tal como lo señalé líneas arriba tenía en mi mente “volver a lo básico” y tomar un curso en ese sentido. Entonces me pregunté:¿por qué no hacerlo con alguien que recuerdo como a uno de los mejores profesionales en la materia? Después de visitar su sitio en Internet, estaba inclinado por el Curso Básico de Pistola. Cambié algunos puntos de vistas con Oscar y me sugirió tomar la de portación oculta. Las mismas se dictan en su predio ubicado en Nuevo Méjico que incluye 15 horas de charlas en el aula y luego las prácticas que abarcan otras 25. levanté las cejas, pero era lo que había estado buscando. En los anteriores cursos en los que me había anotado, las clases en el aula eran muy aburridas, el material es bastante elemental y esquemas realizados en Power Point. El curso con Oscar fue bastante más dinámico, había muchas fotos y este material se completó con ejemplos e intercambios de opiniones entre todos los presentes. Si usted, estimado lector, tiene en mente tomar un curso y, en base a mi experiencia, no se guíe por el nombre del instructor. Muchos suelen ser muy competentes, pero muchas veces no lo son tanto a la hora de suministrar material para el estudio o la organización es deficiente. Los buenos maestros poseen una trilogía fundamental: habilidades competentes, la capacidad de transmitir los conocimientos y la organización del curso. La parte de tiro del curso, fue donde lo impartido salió de los estándares normales y mejor aprovechados de mi parte, en comparación con otros de los que he tenido experiencia en los últimos 17 años. Otro detalle para señalar es que en este curso, todos los instructores demostraron en los ejercicios en vivo, con un nivel que superó las expectativas que teníamos todos los ”alumnos”. Uno de los aspectos, a mi criterio, del curso fue cuando el instructor brindó un informe de seguridad en el manejo de las armas y los puntos básicos para disparar con una pistola (o revólver). 1.Adquirir un empuñe definitivo y firme. 2. Rock and lock”. Dos palabras de difícil traducción que indica cómo llevar la pistola y sacarla de la funda. 3. Empuñe con las dos manos. 4. Tomar el blanco en la alineación de la vista sobre los aparatos de puntería y el blanco. 5. Presionar la cola del disparador En base a estos cinco puntos, se proporciona una amplia gama de variantes. Por ejemplo, en algún momento había desarrollado un mal hábito al empuñar el arma y siempre con mucha fuerza. Esto estaba creando mucha tensión en toda mi posición de tiro, en cambio me enseñaron para definir mi empuñe con firmeza pero sin tanta fuerza. Otro vicio que había adquirido era complicarme al empuñar el arma con las dos manos y hacer un especie de mezcla con los dedos de la mano izquierda (soy diestro) y apoyarlos sobre la corredera y muchas veces sucedía que la demasiada fuerza presionaba con el dedo pulgar de la mano hábil el botón liberador de la corredera de mi Glock 17 y esto impedía que después del último disparo no quedara abierta para el rápido recambio del cargador. Otro cosa que recordé y tenía casi olvidada era verificar la existencia o no de una bala en recámara antes de volver a enfundar el arma. Después de un fin de semana de entrenamiento en el campo de tiro, menos el tiempo que pasé en el aula, noté una inmediata mejoría en mis disparos.

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