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Cartuchos metálicos. Arma corta y larga. Nueva edición (2016).

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PRUEBAS BALÍSTICAS CON EL .45 ACP Y EL .44 MAGNUM

También como apuntamos para el 9 mm., el .45 ACP es una munición archiconocida, y se han vertido ríos de tinta sobre ella, agotando las variables. Por eso vamos a ser escuetos, y puntualizaremos lo elemental, ya que lo verdaderamente jugoso está en mirar las fotos adjuntas, experiencias que sí son válidas y de primera mano, aquí nadie nos contó nada, son pruebas que hicimos a plena conciencia, y como a Dios gracias tenemos plena libertad para hablar, podemos decirles sin ningún condicionamiento, ni económico ni de ningún tipo, lo que se hizo y lo más importante, la realidad de los resultados. 1. El .45 ACP trabaja en una cota de velocidades bajas, y lo hace a expensas del enorme desplazamiento de masa, ya que su proyectil se parece más a un ladrillazo que a un disparo de arma de fuego. Por eso, si se quiere lograr una mayor performance, se debe recurrir a modificaciones importantes en el peso de la punta, logrando así un híbrido que parece resultar realmente magnífico y espectacular en el trabajo de expansión que es capaz de hacer. 2. Aquí se cumple en forma evidente -hablando del cartucho de peso estándar- lo apuntado en numerosas ocasiones por nosotros: todo proyectil que no supere los 300/350 metros por segundo, según sea su construcción y la dureza del metal con el que se lo confeccionó, cuando impacta en materiales blandos, no expande en absoluto. No nos causó sorpresa, pero sí admiración, el trabajo realizado. Las puntas que impactaron en el papel mojado, resultaron tan intactas que -de verdad- hasta se podrían volver a cargar. Dejando de lado las blindadas, que son de por sí extremadamente duras, aún las fundidas en plomo blando no experimentan modificaciones de forma, salvo por supuesto que peguen sobre una superficie dura. 3. La recarga, como siempre, ofrece un abanico de posibilidades múltiples, y logra mejorar, teniendo los insumos adecuados, a la munición de fábrica, cualquiera sea su origen. La explicación es sencilla: los cartuchos factory no pueden permitirse el aumento de presiones más allá de lo regulado por SAAMI (normas internacionales), mientras que el recargador individual, con toda la seguridad y responsabilidad de por medio, aún sin salirse de las especificaciones de los Manuales, tiene la libertad de rondar los límites máximos de carga, logrando de esta forma un aumento considerable en el rendimiento del cartucho. Por eso no es de extrañar que la penetración de las recargas exceda y supere holgadamente a la de la munición factory. (Ver cuadro y fotos adjuntas). 4. Modificando el peso de la punta, el .45 permite desplazar a muy alta velocidad un proyectil liviano. Si lo llevamos de 230 grains a 185, por ejemplo, podremos obtener -dentro de parámetros seguros (igual asustan el fogonazo y el estampido) un misil con una sección de 11.43 milímetros desplazándose a 372 metros por segundo (Piense que el 9 mm. P cartucho +P sale a 360 mxs) . Esto que puede parecer una fantasía, o como mínimo un cuento fabulado, puedo asegurarles que es estrictamente cierto. La carga máxima de Manual Alliant para pólvora Power Pistol, 9,3 grains, con punta encamisada de 185 grains, arrojó esa velocidad citada, medida con un Chrony por mí en el Polígono del Tiro Federal de Pergamino. Tiramos con una Sistema DGFM que todavía sigue funcionando perfectamente. Eso sí, nos asustamos un poco con el fogonazo y el sonido. 5. En el cuadro adjunto verán algunos de esos experimentos. Mírenlos bien, estúdienlos, siempre es sorprendente aprender nuevas y apasionantes cosas que, recarga de por medio, derriban mitos y leyendas urbanas. Algo extremadamente importantes es que antes de usar para defensa una munición de punta hueca, asegurarse que alimente bien en su pistola. En la gran mayoría de los casos este tipo de puntas son proclives a provocar fallas al “clavarse” la trompa en la rampa de alimentación. EL .44 MAGNUM Vamos a pegar un pantallazo rápido sobre el que por muchos años fue el calibre más potente en armas de puño. Nos estamos refiriendo al .44 Magnum. Fue el segundo (primero se concretó el .357) en denominarse con toda propiedad “Magnum”. Porque en verdad lo es. Pone en el aire un proyectil de 240 grains a más de 400 metros por segundo. Y eso es decir mucho. Está por encima de la muerte y detención de cualquier humano y de muchos animales. Se han hecho con él innumerables cacerías hasta de búfalos. Y la sensación de tener un arma así en las manos y dispararlo es inigualable. Pero vamos amigos, que también tiene sus contras. Su uso es muy específico. Con cartuchería original patea bastante, y desacomoda la posición de tiro, tal que es prácticamente imposible repetir un disparo que vaya al mismo lugar en forma más o menos rápida. O sea en pocas palabras: como arma de defensa su valor es muy relativo. Porque hay que tirar mucho con él para llegar a dominarlo. Y eso hoy por hoy es caro y complejo.

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