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LEATHERMAN: LA HISTORIA DE UNA NECESIDAD

El pasado 9 de febrero, organizado por la firma Angel Baraldo, se llevó cabo una reunión en el conocido local de La Trastienda del barrio de San Telmo. El invitado principal fue Timothy S. Leatherman, Presidente y fundador de la famosa empresa que lleva su nombre y que adquirió fama mundial por la fabricación de la pinzas multifunción. Al encuentro concurrieron comerciantes y representantes de los medios especializados. Con intérprete de por medio, Tim contó con lujo de detalles la historia de su empresa, la que a continuación le ofrecemos a los lectores en una breve síntesis. AQUEL FITITO A principios de la década de los 80, Tim junto a su esposa que vivían en Portland, Oregon, EE.UU., decidieron realizar un viaje por Europa. Al llegar alquilaron un Fiat 600 (el “fitito” nuestro). Al poco de iniciar el periplo el autito empezó a tener problemas que, a medida que acumulaban kilómetros los inconvenientes comenzaron a aumentar, transformándose en una verdadera pesadilla. Tuvo más problemas que los Pérez García. La única herramienta con la que contaba el joven Leatherman era un elemental cuchillo plegable (cortaplumas para nosotros) con 2 ó 3 funciones solamente. Al regresar Tim le comentó a su esposa que quería diseñar una herramienta que tuviera, además de algunas otras funciones, una pinza. Con cierta ingenuidad, le pidió que lo ¨bancara¨ un mes y para ello habló con los padres de su amada pidiéndole que los ayuden, mientras él se encerraba en el garaje para trabajar sobre la idea. Primero comenzó con bocetos que los plasmó en cartón, después pasó a los de madera y finalmente al metal. Al cabo de ocho meses, un prototipo realizado totalmente en forma artesanal estuvo listo (¡qué parecida la historia a la de Steve Jobs!, ya verán). Pasó un tiempo y en 1983 se asocia con su amigo Steve Berliner quien vio un buen potencial en la idea de Tim. Ambos patentan el diseño y publican un aviso en el New York Times ofreciendo a la venta la misma por un valor de un millón de dólares. Durante un tiempo aguardaban un llamado de algún interesado, pero nadie lo hizo. Con el prototipo visitaron a una importante fábrica de cuchillos para interesarlos por el producto. La respuesta fue: esto no es un cortaplumas, es una pinza. Entonces fueron a ver a una fábrica de herramientas, y la respuesta que obtuvieron fue: esto no es una pinza, es un cortaplumas. A esta altura del relato que hacía Tim desde el pequeño escenario de La Trastienda, los presentes seguían mudos y con mucha atención, la evolución de la historia. Leatherman continuó con su relato. Un poco decepcionados, ambos socios decidieron mandar 279 cartas con fotos del prototipo a las empresas norteamericanas que vendían por catálogo. Recordemos que esta modalidad fue y es muy popular en los EE. UU.

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